"El nativo puede tener todos los vicios imaginables, menos el de la ambición." - Joaquin Edwards Bello

La Ciudad creada por los Mestizos.


l valle fue cambiando de fisonomía, y lentamente se fue transformando en un villorrio, con toda la naciente dimensión que estos tenían, che valle, es como decir compueblano, pariente, mi valle, expresión que hasta nuestros días se suele escuchar llamándose en forma cariñosa, como que si se tratara de la patria chica.

Durante la colonia, monótona y gris, transcurría la vida en ciudades y pueblos. "La falta de alumbrado público -dice Fulgencio R. Moreno* - dejaba la suerte del transeúnte librada a las mortecinas luces de sus faroles menos apropiadas para guiar sus pasos, que para dirigir la acción de algún desvalijador nocturno. 

La vida de la ciudad, por la influencia de sus orígenes más qué por la práctica constante de un forzado retraimiento, cesaba por lo general con las últimas claridades del día, exceptuados naturalmente los ocasionales paseos, reuniones y serenatas a la luz de la luna.

Desde la hora de la retreta, que indicaba con sonoras campanadas el reloj del Cabildo, el profundo silencio de la noche sólo era interrumpido por el paso de las rondas, que tenía a su cargo la guarnición de la plaza, situada frente a la Casa del Gobernador.

Los adelantados, institución inconfundiblemente medieval, renacen en estos territorios conquistados, mientras que en Europa agonizaban estas instituciones, como consecuencia de la revolución francesa. Los nombramientos a los cargos públicos eran vitalicios y hasta hereditarios por generaciones dependiendo del mando político, militar y judicial.

Pedro de Mendoza, Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Juan Ortiz de Zarate fueron nombrados por orden de su majestad, mientras que Juan Torres De Vera y Aragón fue el quinto adelantado, por derecho sucesorio.

La vida social, falta de sus naturales incentivos, tenía que ser extremadamente débil. Y seguramente el motivo y la ocasión de su mayor actividad eran las misas de los domingos, acontecimiento periódico que esperaba siempre con profanas ansias la católica juventud de la capital porque después del santo sacrificio, precedido y seguido del desfile mujeril y las discretas cortesías de los varones, venían los "pagos de las visitas, que las amistades de confianza realizaban en el corredor o a la sombra de los rosales, donde, en medio de la franca expansión de las almas juveniles, menudeaba el tradicional mate de leche con azúcar quemada y naranja roguy".

Y de las quintas frondosas y aromáticas de los suburbios "bajaban diariamente, en largas hileras, con su alba túnica flotante, tras de sus mansos pollinos, las alegres proveedoras del mercado de Asunción; y las ligeras carretillas repletas de frutas, Conducidas por mozos imberbes, enamorados y bullangueros; y los macizos carretones de tabaco o miel, que rechinaban perpetuamente bajo el peso de su carga, con la calma imperturbable de sus viejos "picadores". 

Y por el mismo camino, que ondulaba entre las lomas y hondonadas, entre el verde esmeralda de los sembrados y los tonos oscuros de los bosques, bajo la sombra de una perenne vegetación, pasaban así mismo en alegres cabalgatas los caballeros y las damas de la ciudad, que acudían a una fiesta o tornaban a sus chácaras, lugares predilectos de su actividad y de sus goces".

En el campo existía la kúlata-jovái o vivienda mestiza, (dos habitaciones encontradas una al lado de la otra, con un pasillo de por medio) con una tranquera que franquea el acceso, la casa con una kulata-jovái oga kapi'i idioma guaraní (techo de paja de dos aguas) y en el corredor la hamaca, la guitarra que colgaba en la pared, el cántaro de agua, todo mezcla de lo autóctono y de la casa peninsular.


(*) Tras la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia, hacia 1840, surge el romanticismo con Juan Andrés Gelly y Carlos Antonio López. Después de la sangrienta guerra del Paraguay, hacia 1870, se forma la llamada "lírica de la consolación", fundada por un emigrado coruñés, Victoriano Abente. Un grupo de intelectuales conforma, a fines de siglo, la generación del Colegio Nacional: Blas Garay, Cecilio Báez, Juan O´Leary, Manuel Gondra, Manuel Domínguez y Fulgencio Moreno.