Herramientas

Aumentar tamaño del texto

Disminuir tamaño del texto

Edición septiembre 2009

Las costumbres, si le pueden empezar a dar trabajo, de no ser de ninguna de ellas leído, debe de figurarse al menos, mientras que su modestia o su desgracia no sean suficientes a hacerle dejar la pluma. El “Kururu piré” que se describe en este articulo es imparcialmente para todos. Ni los colores que han de dar vida al Kururu piré, (Cara de sapo) mención en las costumbres de un pueblo o de una época, pudieran por otra parte tomarse en un cálculo determinado y reducido; la pluma atinada de todas las gradaciones diversas es la que puede únicamente formar el todo, y es forzoso ir a buscar en distintos puntos las tintas fuertes y las medias tintas, y el buen papiro el claro y oscuro, sin los cuales no habría articulo. ¡¡No se de por sugerido!!.

 

Tradiciones costumbres populares.

Mitos y creencias cercanas al Bicentenario.


Por: Dietrich von Raeche Pérez

 

l escritor de costumbres no escribe exclusivamente para esta o aquella clase de la sociedad, también lo hace para la del futuro, que, queriendo saber quienes éramos en estos años del Bicentenario de la Republica, indagara, y tal vez en muchos años más, y leerá esta serie de artículos que nosotros hemos preparado para ustedes, los de ahora.

La cuna, la riqueza, el talento, la educación, a veces obrando separadamente, obrando otras de consumo, esto ha subdividido siempre a los hombres hasta lo infinito, y lo que se llama en general la sociedad en una amalgama.

Las costumbres se diferencian de las tradiciones de un pueblo, es decir, el comportamiento común a todos sus miembros, en que tienen una base organizativa y que, cuando se trasgreden son castigadas con mayor severidad.

El actual territorio del Paraguay fue el asiento precolombino de la Nación Guaraní y de otras comunidades indígenas nativas, no guaraní. Posteriormente, tras la conquista y la colonia, se constituyó la actual República del Paraguay, en el centro de la América del Sur.

Cuando los conquistadores españoles llegaron a lo que más tarde sería Paraguay, pero entendamos siempre un detalle muy importante: llegaron más indios sumisos, indias y mestizos, que españoles, puesto que esa misma noche los españoles se hicieron de pareja.

Años más tarde surgen las primeras casas, que son puramente guaridas, campamentos, cuevas, dando paso a que surjan los primeros ranchos de tacuaras, de barro, con puertas de cuero vivo. Más tarde las casas, siempre sin imaginación, constarán de horcones de madera, de adobes y vigas, entre cuyas junturas llenas de telarañas que cuelgan como estalactitas, se ven la paja y el barro del techo.

Luego se fabricarán las primeras tejas morunas y las casas se irán pareciendo a las de Sevilla y Toledo; constarán de enormes patios plantados de naranjos y palmeras; los comedores son obscuros y todo el lujo estará en el salón de piso enladrillado, con un brasero de plata al medio.

En la esquina de la casa habrá una columna de piedra labrada para evitar los deterioros del tiempo y de los roses de las carretas. Una zanja con sapos pasará por la calle.

Los sapos, -nos detenemos aquí- un ejemplo claro de como se mimetiza a la gente con ellos. Comúnmente llamados en guaraní kururu, (sapos) es decir, referirse a la concepción popular, no científica, que la gente tiene de estos peculiares, misteriosos y mágicos animales, los batracios.

El sapo tiene el nombre de kururu en Guarani. Indagando en dos diccionarios Guarani-Castellano, uno de Trinidad y el otro de Villamayor; al respecto del sapo, dicen: “Kururu: Sapo. Anfibio anuro, familia bufónicos. Posee una glándula que segrega un veneno muy peligroso para la sangre humana”.

Hay que destacar que las nominaciones de las variedades siempre estuvieron relacionadas con alguna característica exterior o ambiental del animal: color (kururu pytâ), tamaño (ju’i titi) o el lugar o sitio que habitan (ju’i pakova).

A partir de lo expuesto se deduce que el Guaraní y luego el paraguayo rural aprendieron a diferenciar a los animales silvestres casi siempre peligrosos o perjudiciales (aguara = zorro, jaguarete = tigre, guasu = venado, ka’i = mono, mborevi = tapir, kapi’yva = carpincho, etc) de los animales domésticos habitualmente mansos y útiles (jagua = perro, mbarakaja = gato, vaka = vaca, kavaju = caballo, ovecha = oveja, kavara = cabra, kure = cerdo, ype = pato, etc).

El hecho de haber vivido mucho tiempo en un ambiente natural, permitió tanto al Guaraní como al Paraguayo, agudizar su poder de observación. Muchas de las locuciones tradicionales (creencias, supersticiones, usos, costumbres, leyendas y refranes, estuvieron y están siempre ligadas a las plantas, los animales y los minerales. En síntesis, el habitante de esta región siempre fue sensible y conocedor de su entorno natural.

Entre los Totobiegosodes (Ayoreos) existe una leyenda que trata de Ahoâi, el hijo de las nubes; en cuya trama unos niños traviesos tenían la costumbre de burlarse de Ahoâi, una nube mansa. A ella le tiraban con palos, hecho que un día molestó grandemente a Ahoâi, que se convirtió en una enorme nube negra y empezó a llover días y semanas, hasta cubrir toda la tierra. Los niños traviesos se ahogaron y se convirtieron en sapos, y pese a ello, seguían tentándose en el lenguaje de los sapos.

Ese es el kururu o sapo… peculiar, misterioso y mágico animal que varias veces fue sacrificado y comparado con algún cristiano amigo nuestro, o dicho de otro modo, Kururu puede ser; kururu piré, de piel con cicatrices, gordo de cuello corto, pelota, rekaka de piel oscura y petiso, si usted conoce alguno, háganos saber.

Envíe sus comentarios o sugerencias a esta dirección de correo electrónico |


Google
 
Web www.infoluque.com.py