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Edición de septiembre 2009

Este pensamiento podría englobar además las propias sensaciones de la mente en un marco más o menos nostálgico: un flujo de pensamientos expresados internamente, parecido al soliloquio, (monologo) que a veces nos remonta para tratar de representar el estado pre-consciente en el que nuestra mente organiza las sensaciones ante tal belleza, en este caso, la primavera, que rebosa del componente, la cohesión y el sedimento del pensamiento directo, en el sentimiento de nuestra juventud. ¿Cómo no celebrar la llegada de septiembre?.

Decían nuestros mayores

¡¡Cuando el lapacho florece, el invierno acaba!!.


ste año los valles brillan y lucen como nunca se ha visto en otra ciudad. El efecto es encantador, los lapachos floridos. El lujo y la variedad de las especies, nos encantan. Las plazas de las ciudades completan este cuadro. Es un Paraguay desconocido el que aparece en estas noches cálidas de primavera.

"Pregunten a los extranjeros —así como por curiosidad— si vieron algo parecido en sus ciudades natales". Nuestras plazas principales contienen árboles y plantas de una riqueza botánica que pocos saben apreciar. Mejor dicho, no conocernos lo que hay. De vez en cuando unos turistas toman fotografías de cierta palmera o datilera en flor.

Para algunos cada metro de la plaza le trae un recuerdo diferente, a veces tan remoto y diverso del curso actual de las cosas, que haría reír si lo contara. Imitar al viejo mundo, es dar razón a quienes dicen; "Que imitamos lo extranjero" –conservemos nuestros mitos y tradiciones, decimos nosotros-.

Esto mismo es lo que ocurre con el lapacho en flor, un árbol, único en esta parte del mundo y victima muda del mal gusto de otros continentes en esto de "la fiebre de imitaciones". Nada es original, ni los lemas políticos de hoy, de ayer y de anteayer, solo el lapacho en flor lo es. Florecido del color de la rosa, lila, blanca y ambarino, después de este riguroso invierno, de ventarrones, temporales y de "friolentos ancianos" y los sabios austeros que adoran por igual, a su estación madura.

Los lapachos amarillos están en su mayor vigor y hermosura adelantando la llegada de la estación de la juventud. Los valles de nuestro país, se llenan de alegría, a lo lejos se divisa el follaje colorido de los lapachos de distintos tonos, las casas y animales de cría se descuellan desde lejos a la sombra del colorido follaje.

“La primavera se adelantó tras el calor que dejó el mes de agosto. Es producto de los calores de nuestro invierno”, la explicación a tan exuberante floración está en las “variaciones climáticas fuertes”. Normalmente los lapachos amarillos empiezan a florecer a mediados de septiembre en coincidencia con el cambio de estación.

La razón de este fenómeno es que el lapacho es una especie regida por la temperatura, la luz y el foto periodo (duración relativa del día y la noche). Solo el reloj biológico de las plantas saben, por eso decimos que la naturaleza es sabia y no necesita de la mano del hombre.

El producto de las variaciones del clima también se nota en los mangos, que ya están por dar frutos y los lapachos rosados, esperamos que algunos vayan a florecer aún en lo que va del año. Tal vez algunos empiecen a florecer tardíamente cuando pasen estos días frescos. Pero lo más importante para estas especies es un frío prolongado a inicios del invierno que hace que las plantas descansen y luego tengan más vigor al despertarse y estallen en flor.

En la creencia popular los lapachos tienen varias utilidades y pueden servir tanto para curar algunas dolencias, así como para pronosticar cómo se comportará el clima en el futuro.

Ambas especies mencionadas en esta nota tienen propiedades medicinales, aunque su uso para tal fin no está muy extendido, quizás por la existencia de abundantes hierbas que cumplen las mismas funciones terapéuticas. Por ejemplo, la corteza del tajy (Tabebuia impetiginosa) se emplea contra enfermedades urogenitales.

Entretanto, las flores del tajy hu (Tabebuia heptaphylla) son recetadas para la preparación de un jarabe contra la tos. Asimismo, del cocimiento de su madera y corteza se puede obtener una emulsión para llagas y heridas.

Entre las cualidades meteorológicas, se atribuyen al lapacho el pre-anuncio de que cuando florecen significa que ya no habrá heladas, pero al mismo tiempo que continuará la falta de lluvias.

Sin embargo, nada es científico aquí y los lapachos se mueven según el desparejo invierno que crea las condiciones adecuadas para que estallen en flor. Estas plantas se ven muy influenciadas por las bajas temperaturas y la luz, que son al fin y al cabo los dos factores que más hacen rebosar de flores sus copas.

Si pudiera conversar con un lapacho le preguntaría;¿Qué vas a hacer dentro de 3 años?

¿Usted cree, que voy a morir dentro de 3 años, a manos de un leñador? -me respondería-.

Este pensamiento podría englobar además las propias sensaciones de la mente en un marco más o menos nostálgico: un flujo de pensamientos expresados internamente, parecido al soliloquio, (monologo) que a veces nos remonta para tratar de representar el estado pre-consciente en el que nuestra mente organiza las sensaciones ante tal belleza, en este caso, la primavera, que rebosa del componente, la cohesión y el sedimento del pensamiento directo, en el sentimiento de nuestra juventud. ¿Cómo no celebrar la llegada de septiembre?.

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