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Edición de mayo de 2009

 Un buen tanto que se ha anotado la Iglesia Católica. La intervención de su jerarquía para sacar de punto muerto un conflicto envenenado entre lo mediático y morboso, por un lado y los opositores y rabiosos, esto obtuvo un éxito rápido y aseado. Llámese el rol que desempeñó Monseñor Martínez, el de facilitar, mediar, hacer un puente o aval, lo cierto es que ha puesto nuevamente a la institución eclesiástica católica en el centro de la plaza pública. Y esta vez dando la cara por otro.

Homilía del monseñor Zacarías Martínez en Luque.

Instan a perdonar al Presidente Lugo.


Santuario Virgen del Rosario de la Ciudad de Luque

l Monseñor Zacarías Martínez pidió desde el pulpito a que "se perdonen los pecados cometidos por el presidente Fernando Lugo", durante la misa central celebrada en el Santuario Virgen del Rosario de Luque.

Durante su homilía culpo a la prensa de los hijos del ex monseñor, dijo que; "la prensa agranda el conflicto de paternidad del ex obispo de San Pedro y deja de lado varios hechos de corrupción, tratando de hacer un paralelo que resulta bochornoso para los demócratas que votaron por Lugo. Declaró a un medio de comunicación: "Tal como la Iglesia intervino en momentos difíciles, cuando se violaba la dignidad humana, ahora queremos defender y valorar el derecho de los que trabajábamos por esos mismos derechos".

Estas palabras ponen en entredicho el proyecto democrático de la transición en su dimensión social. Después de veinte años del golpe que destrono al dictador, el resultado es tan precario que la Iglesia Católica no sólo actúa ante un relevante conflicto social, sino que prácticamente es solicitada para que lo haga. Paraguay se encuentra, así, a la altura de algunas repúblicas de baja gobernabilidad que necesitan de operadores externos para resolver sus más esenciales problemas. El orgullo de ser paraguayo de que aquí las instituciones funcionan es desmentido largamente por los hechos, en capítulos tan básicos, por ejemplo, como el cumplimiento de las leyes laborales.

Sin embargo, el obispo instó a la feligresía luqueña a perdonar los errores del Mandatario, quien durante su apostolado incumplió su voto de castidad.

"Hay pecados de la Iglesia que la gente no nos perdona. Nadie perdona el pecado del obispo, del sacerdote, del diácono o catequista; sin embargo, al mundo le perdonan todo.

No nos perdonan nuestros pecados y, además, salen ampliadas en las informaciones, como si fuera el único problema, habiendo otros más graves en el país", expresó Mons. Zacarías Martínez, durante la misa celebrada, en la que pidió a que se perdonen los pecados al presidente Lugo.

Es todo un paquete inobjetable de problemas que son seguro semillero de futuros conflictos. Es penoso que, ante este panorama, los restauradores de la democracia, los cultores de la doctrina social de la Iglesia Católica y los mismísimos socialistas se vayan dejando arrebatar las banderas y aparezcan sumergidos en evaluaciones autocomplacientes que buscan restar dramatismo a una situación que en poco tiempo puede resultar explosiva. Mientras tanto, la Iglesia Católica puede aparecer más representativa de ciertos sectores de la población que sus propios representantes electos. No es la hora de pedir perdón, es la hora de reflexionar.

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