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Edición de junio/2008

No es lo mismo, Paraguay y los asalariados, en donde un profesional con titulo, en una empresa de primer nivel, trabaja por un sueldo mínimo obrero, diez horas (10 horas) o más por día, sin que por ello ganen más. ¿Porque? Pero cha migo, ¡¡Si no te gusta te vas!! - es la respuesta para el trabajador paraguayo de este Estado ausente-.

No es el mismo Paraguay de los asalariados.

El sindicalismo que no vemos en este Gobierno.


s una constatación que incluye reminiscencias del pasado: las organizaciones de trabajadores y su cabeza visible, la CUT, no tienen "buena cobertura de prensa". En otras palabras, el movimiento sindical es literalmente evacuado del escenario político nacional por los analistas liberales y aliancistas. Mientras más sesudas son las crónicas políticas e informes, menos aparece el actor potencialmente clave para el futuro, el trabajador.

De ahí el valor del gesto político de algunos parlamentarios del ala progresista de la Alianza al solicitar la presencia de los trabajadores y abrirles la puerta, cosa que no se hizo mientras fue Ministro del Trabajo Blas Llano. No reconociéndo de facto de como los actores principales son los trabajadores, sin el cual no hay agenda de desarrollo sustentable para el Paraguay.

Es lo que se desprende el ‘chake hecho por parte de varios movimientos sindicales’ que saliendo a las calles le hicieron saber al Gobierno la inconveniencia de liberar la INTERNET. La propuesta patronal de las telefónicas era entablar negociaciones en el mismo marco establecido con el gobierno pro liberal. Cuando en una coyuntura de mini recesión de la economía, fijaron, sin la participación de los trabajadores, en una agenda “pro crecimiento”.

Han pasado meses de la liberación de la INTERNET y el usuario no ha visto mejorado el servicio, técnica ni económicamente. ¿Que paso? -Los bienes del estado hoy son usados por las telefónicas privadas en forma de concesión, gratis, como es el uso que estas compañías le dan a los bienes y al cable de fibra óptica, que a la COPACO, -o sea a nosotros, pueblo- nos costo varios millones de dólares.

Retrospectivamente, ésta significaba el statu quo. Era mantener las mismas condiciones que habían permitido el crecimiento a la COPACO: hoy sin chorreo hacia los asalariados, ni garantías de empleos estables.

No es lo mismo, Paraguay y los asalariados, en donde un profesional con titulo, en una empresa de primer nivel, trabaja por un sueldo mínimo obrero, diez horas (10 horas) o más por día, sin que por ello gane más. ¿Porque?, Pero cha migo, ¡¡Si no te gusta te vas!!, - es la respuesta-.

Ahora los parlamentarios de las patronales, tratan en audiencias públicas la eliminación de la estabilidad laboral a los diez años, que tiene cada trabajador. La modificación de este articulo el 94 del Código Labora, la cual permitiría al empleador despedir a un trabajador sin más tramite que pagando una indemnización, cosa que hoy no puede hacer.

Con la actual redacción el trabajador que cumpla los diez años de antigüedad en el trabajo, adquiere estabilidad laboral. El espíritu con que la ley fue hecha es lo que molesta a las patronales.

El Código del Trabajo en su Art. 262 dice; - La asignación familiar será pagada siempre que el hijo esté en las condiciones siguientes: a) Que sea menor de diez y siete años cumplidos, y sin limitación de edad para el totalmente discapacitado físico o mental.

Las patronales entienden que se debe pagar hasta cumplir los 17 años y no durante el año que tienen 17 años, ese año (a los 17) dejan de pagar las asignaciones.

Y, como decía el “Lider”, ¡Anda a cantarle a tu abuela!, pareciera un chiste si no fuera doloroso para el trabajador.

El trabajador de mandos medios se ve desbordado por el "pasante" que ¡¡trabaja gratis!! en las empresas por una formula Gobierno-Empresario del primer empleo. Nada se ha hecho para solucionar este problema, el Ministerio de Justicia y Trabajo, en manos de la derecha del liberalismo, nada ha hecho.

Si fue un lema de campaña, lo de ‘gobierno ciudadano’ es interpretado con razón como un gobierno que debe satisfacer las demandas ciudadanas. Entre las prioritarias y postergadas están las de los trabajadores. Pese a que son ellos quienes hacen funcionar con su trabajo esta economía cuyo crecimiento desigual favorece a unos pocos.

Por eso, cuando los empresarios hablan de “restricciones regulatorias” -que según ellos impedirían aumentar la productividad y el crecimiento- en los oídos de los trabajadores el sonido es "kachiay de moda", resuena a incertidumbre salarial y futuro incierto.

Ani ndresarái, (no olvide), que en la democracia paraguaya, los espacios políticos no son los mismos para todos los actores. Hasta ahora los empresarios son recibidos con alfombra púrpura en las salas del Ministerio del Trabajo. Si éste es un detalle, la Ley Suprema no lo es.

La Constitución del 92 fue un gran esfuerzo por mantener el poder político en manos de las elites y preservar el poder económico en manos de un grupo social. Las listas cerradas, no a la segunda vuelta electoral es sinónimo de representatividad excluyente. Hasta lo grotesco: se les niega a los sindicalistas el derecho a ser electos, si no están en una lista de algún partido político, mientras que se ensalza la dudosa presencia de magnates en el parlamento.

Si el actor empresarial se mueve como pez en el agua en la institucionalidad heredada del antiguo régimen, al contrario, al movimiento sindical lo ha sido arrinconado y debilitado por las modalidades, -son despedidos de las empresas- y tipos de leyes y relaciones laborales impuestas por el modelo económico.

No hay que extrañarse entonces que la institucionalidad entera esté marcada con el signo de la sospecha. Y que en sus relaciones con la sociedad civil y sus movimientos, lleve la impronta indeleble del conflicto.

Bien lo saben la Sociología y la Ciencia Política, el movimiento sindical es portador, más que ningún otro movimiento social, de un conflicto que la democracia representativa y liberal trata de negar y sepultar a todo precio.

Debajo del Estado de Derecho y detrás del reino de la ‘voluntad general’ de los ciudadanos, ‘iguales’ en tanto que titulares de derechos formales, hay relaciones de fuerza de carácter social y económico que la democracia liberal no pierde ocasión para ocultar (*).

Matriz societal, cruzada por otros conflictos (etnia, género, culturales, y de mases) pero estructurante, es aquella fractura todavía moderna, entre propietarios del capital por un lado, y, asalariados-propietarios de la fuerza de trabajo, material e intelectual, por el otro. Obvio, ellas se modifican al diapasón de las dinámicas del capitalismo global. Pero las pugnas son reales, puesto que la fractura económica y social, excluye, discrimina y segrega: material, simbólicamente.

Factores determinantes que le dan plena vigencia a la pregunta que legitima históricamente a la Izquierda, a saber: ¿cuáles son las condiciones sociales y económicas para que una democracia auténtica pueda extenderse y profundizarse sin excluir a los ciudadanos? Puesto que si una democracia postula y exige que los individuos sean libres e iguales en derechos, consecuentes con la misma lógica, la democracia y sus ciudadanos deben bregar porque las condiciones materiales (económicas, sociales, intelectuales) sean equitativas, simétricas, para que posibiliten real y efectivamente el ejercicio de esos derechos.

Consecuencia de lo anterior es la búsqueda de una nueva forma de representación política que se funde sobre el principio del ‘poder del igual sobre el igual’ (**).

De ahí la vigencia y la necesidad de un movimiento sindical, autónomo, amplio, cuyas estructuras y métodos produzcan liderazgos legitimados capaces de afirmar su voluntad, no sólo en la negociación por el reparto de la riqueza, sino en los grandes debates de sociedad. Y de una izquierda que se construya ligada a las luchas sindicales y a la confrontación de proyectos.

Pero ¿cómo olvidar que este movimiento sindical paraguayo fue programadamente desmantelado con la fuerza bruta, durante 65 años de dictadura? ¿Que aún así, como el ave Fénix, renació de sus cenizas y de los escombros? ¿Que lideró las protestas del 80, cuando era acallada la libertad de prensa en Paraguay, Marcial Vázquez, hoy un viejo dirigente sindical, jubilado grafico, que alzo su voz en foros internacionales clamando por la libertad en Paraguay, entretanto fue vapuleado por algunos intelectuales que querían bajarle el perfil político-social, para facilitar la puesta en práctica de la metodología de la negociación consensual entre elites.

En efecto, vale la pena recordar, por su impacto duradero, las seudo teorías que afirmaban que puesto que el movimiento obrero ya no era un actor central, que había perdido su peso específico, que la sociedad se había tercerizado, que el capitalismo era ‘convivial’, ‘cool’, que sólo había ‘gente’, y que Carlos Marx estaba muerto; el movimiento sindical tenía que contentarse con ser un espectador más de las maniobras de las elites políticas, hoy empotradas en los puestos públicos.

Quienes machacaron la ideología ‘tercerista’, a lo Touraine y Giddens, pretextando objetividad y espíritu científico, hoy aconsejan al empresariado en sus estrategias de comunicación y, de pasadita, como si no quiere la cosa, aprovechando que tienen oídos atentos en las instituciones de la República y en los centros de poder, hacen lobby.

Vale la pena repetirlo hoy. El movimiento sindical paraguayo tiene todas las condiciones para transformarse en un actor capaz de promover una sociedad más justa y solidaria, a condición de construirse en los diversos segmentos y nichos de asalariados, generar estrategias ofensivas de sindicalización sobre bases pluralistas y unitarias y preparar eventos electorales para dotarse de dirigentes idóneos y legitimados entre las bases. En definitiva, someterse el mismo, internamente, a la exigencia democrática.

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(1) Rousseau lo intuyó. Vio claro que la esfera económica y la desigualdad eran enemigos de democracia. Incluso Locke estipula que la propiedad debe estar justamente distribuida para que el gobierno democrático emerja de ciudadanos iguales.


(2) De inmediato aparece la importancia de una educación pública que ofrezca igualdad de condiciones para facilitar la igualdad de oportunidades.


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