El adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca afirma que poco antes de ir de expedición al norte, en 1543: "... y día de Nuestra Señora, de septiembre, dejó hecho la iglesia, muy buena, que el gobernador trabajó con su persona en ella siempre, que se había quemado". Esta iglesia no estaba totalmente terminada, pero el apoderado Pedro Dorantes se quejaba de que Juan de Camargo, teniente de contador, se entremetía en cobrar los diezmos, con el pretexto de: "gastar por su mano en la obra de la Iglesia que se hace en esta ciudad, y que libra y paga de los dichos diezmos, fuera de la orden que Su Majestad manda".

La historia de Alvar Núñez Cabeza de Vaca
un expedicionario aventurero.


l 17 de junio de 1527, Alvar Núñez Cabeza de Vaca zarpó del puerto español de Sanlúcar de Barrameda una expedición al mando del gobernador Pánfilo de Narváez con el propósito de ir a colonizar la costa del Golfo de México y la Florida.

La componían cinco naves y seiscientos hombres, y el tesorero y alguacil mayor de la expedición era el jerezano Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Este hombre sería uno de los cuatro supervivientes de la nutrida expedición, tras vivir por tierras americanas una increíble odisea que quedaría recogida en su obra literaria autobiográfica Naufragios y comentarios.

Los hombres de Pánfilo de Narváez desembarcaron en la bahía de Tampa (Florida) en la primavera de 1528. Allí, en contra de la opinión de Cabeza de Vaca, Narváez despidió a las naves, con la intención de seguir la expedición por tierra hasta el Río Grande, que hoy forma la frontera de México con los Estados Unidos; pretendía, por tanto, recorrer por tierra todo el sur de este gran país.

Pronto surgieron las dificultades, en forma tanto de terreno pantanoso como de escaramuzas con los hostiles indios timaquanos. Los españoles tuvieron de construir cinco canoas con las que fueron costeando trabajosamente el litoral hasta más allá de la desembocadura de los ríos Alabama y Missisippi.

Junto a la isla que llamaron del Malhado, Narváez y muchos de sus hombres naufragaron y perecieron. La expedición, diezmada por las enfermedades y las privaciones, quedó reducida a ochenta hombres.

Una sucesiva serie de desventuras y ataques de los indios hizo que el grupo quedase limitado a cuatro: Cabeza de Vaca, los soldados Dorantes y Castillo y un esclavo negro llamado Estebanico.

Estos cuatro hombres decidieron, tras seis años de vagar por aquellas tierras entre tribus de indios menos belicosas, viviendo desnudos como ellos, intentar llegar a México. Siempre en dirección a occidente, los cuatro supervivientes emprendieron la travesía del territorio de Texas.

Cabeza de Vaca nos relata en sus escritos cómo los cuatro adquirieron entre las tribus indias fama de curanderos. Ninguno de ellos sabía nada de medicina, pero muchas veces bastaba un leve toque en la cabeza del paciente para que éste dijera haberle desaparecido el mal e irse tan satisfecho. Gracias a esta fama de curanderos, fueron bien acogidos en varias tribus; hasta venían a buscarlos desde poblados lejanos.

Comerciando eventualmente con los indios, consiguieron algunos alimentos y pieles de venado con que cubrirse pero, por lo general, como relata Cabeza de Vaca, "por toda esta tierra caminábamos sin ropas, y como no estábamos acostumbrados, a manera de serpientes, mudábamos de piel dos veces al año... con frecuencia tropezábamos con piedras y espinos y nos hacíamos heridas... los pocos alimentos con los que nos abastecíamos sólo los lográbamos después de indecibles esfuerzos".

De este modo, Cabeza de Vaca y sus hombres remontaron y cruzaron el Río Grande, y atravesaron el actual estado mexicano de Chihuahua y la inhóspita Sierra Madre. Por fin, tras haber encontrado un destacamento de españoles en Sinaloa, los cuatro expedicionarios entraban a fines de julio de 1536 en la ciudad de México.

Basta con mirar en el mapa la distancia entre la Florida y la capital mexicana para hacerse una idea de la magnitud de la aventura, y basta también con un vistazo a cualquier página de los Naufragios para conocer las increíbles peripecias que la salpicaron.

En el año 1536 consiguieron llegar a un asentamiento español en el río Sinaloa, en México. En 1537 Cabeza de Vaca regresó a España, y como recompensa fue nombrado gobernador del Río de la Plata, en el extremo meridional de Sudamérica.

Entre 1541 y 1542 estuvo al frente de una expedición que recorrió 1.600 km, a través del sur de lo que es hoy Brasil, hasta Asunción, la capital de Río de la Plata.

Tomó posesión como gobernador de la provincia en 1542, pero dos años después, como resultado de una revuelta, a causa de unas 3.000 palmas sacadas de Ñu Guazú fue expulsado. En 1544 tuvo que volver a España bajo la orden de arresto y, poco después, fue desterrado a África, hasta que en 1556 obtuvo el perdón y una pensión.

Su relato de la expedición de Narváez, Relación (1542), y sus narraciones sobre la ciudad de Zuñi y sus pobladores, una de las legendarias Siete Ciudades de Cibola, sirvió de aliciente para otras expediciones al continente americano, en especial las de los exploradores Hernando de Soto y Francisco Vázquez de Coronado.


Fuente: Libro "Historia de los pueblos" Madrid España, Ciudad de Luque..la aldea global ha llegado (tomo 1).