"Hace unos años atrás, no me abría atrevido a contar esta historia, de mi amigo Alberto Santacruz, primer líder indigenista, nativo que logro crear un Instituto Indigenista. Que de tanto en tanto se paseaba por las calles Luqueñas, camino al Instituto Nacional Del Indígena (INDI).".

Alberto Santacruz, un líder nativo,
propulsor del Instituto Nacional Del Indígena.


Alberto Santacruz (3º de izquierda a derecha)
junto a nativos nivakle solicitando al I.B.R. tierras en el Chaco.

El año lunar y los pueblos nativos.

as naciones celebran aquellas fechas que las enorgullecen. Aquellas efemérides que despiertan en sus habitantes un sentimiento de unidad y participación ciudadana. Así ocurre con el 19 de abril día del nativo Americano, están integrados a nuestro imaginario colectivo, que en ellos traducimos gran parte del valor y la identidad del ser paraguayo.

Cuando para los occidentales el invierno comienza a fines de junio, los pueblos indígenas valoran este instante como el inicio de un ciclo nuevo para la vida y la naturaleza. Desde tiempos inmemoriales, ellos fueron capaces de identificar fases anuales que permitían una convivencia armónica con la naturaleza.

Gracias a las observaciones de los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas, fijaron los tiempos de cosecha y siembra. Así, el momento clave que definió su cosmovisión biocéntrica del universo fue -y continúa siendo- el solsticio de invierno, que en el hemisferio sur se registra entre los días 20 y 24 de junio, instante en que el "Sol emprende su camino de regreso" a la Tierra. Es el año lunar.

Marcada por la noche más larga del año, la víspera de la fase solar trae de vuelta los ciclos de abundancia. Los días empiezan a ganar lentamente su batalla contra la oscuridad, regresa la luz y, con ella, la vida en todo su esplendor.

Sin embargo, pese a la relevancia que el evento tiene en la construcción de nuestra identidad cultural, el 21 de junio transita cada año más silencioso por el calendario. Pese a ser un día que brota desde el corazón del territorio, es un momento que para la inmensa mayoría de la población pasa inadvertido.

Pero paulatinamente, el país ha comenzado a reconciliarse con sus orígenes y como sociedad, vamos ganando una mirada más amplia y responsable hacia el medioambiente y el respeto a las etnias originarias.

La disposición legal dio a la festividad un reconocimiento que, hasta entonces, no poseía y entregó a todos los indígenas, sin excepción, la oportunidad de compartir su contribución a la diversidad cultural en Paraguay.

Es así como, los Pueblos Indígenas resumen todas las celebraciones ancestrales que se suceden a lo largo y ancho de nuestra geografía patria con ocasión del solsticio de invierno, convocan a las comunidades indígenas, Sanapana, Angaité, Payagua, Maca, Mbyá, Ysosog, Tapieté, Guarayo, Chulupí, Moro, Chamacoco, que suman rituales diferentes para agradecer los dones de la naturaleza y participar de su cosmovisión de vida.

La historia de Alberto Santacruz.


En el año 1972 se realizo una "Consulta Indígena Latinoamericana" con la participación del militar retirado, el Gral. Bgda. Ramón Cesar Bejarano, Presidente de la Asociación Indigenista del Paraguay y Alberto Santacruz, indígena Chulupi, católico.

Santacruz era el nativo educado, preparado y germanizado, hablaba correctamente el alemán, desde niño vivió cerca de una familia germano-paraguaya de dos generaciones de alemanes de madre y padre, en el chaco Paraguayo, viajo por todo el mundo entrevistándose con reyes, mandatarios y hombres de negocios. Santacruz, era un hombre culto.

Me decía; "en Alemania me aburro del orden y de la cultura. De todo esto demasiado limpio rectilíneo ordenado geométrico, y peinado. En esas autopistas lisas y en los hoteles perfectos me molestan, echo de menos las selvas del Chaco, los puentes rotos de madera, los "hoteluchos", las indias... Hasta el "chare" (de sucio) echo de menos a veces.

En Paraguay todo es Schlaracht raffen land, (traducido del alemán; Schlaracht = batalla, raffen = juntarse, land = tierra.) Decía esto riendo, pero le salía del corazón.

No olvido la primera impresión que me causo al verlo, en la plazoleta de la Iglesia de Luque, con su pelo negro, liso como de alambre sin ninguna cana, bueno, se piensa que las canas pertenecen a Europa por eso de la pigmentación.

Era de estatura baja, sus brazos rollizos... y hablando un alemán purísimo, hablaba además guaraní, castellano, en esos tiempos que corrían, o que se derrumbaban, pocas cosas nos sorprendían, y, sin embargo, fue para mi un espectáculo ver a un pariente de mi esposa que es alemán, venido de origen, compartiendo o haciendo suya, con el nativo Santacruz la lengua de Goethe.

Eran tiempos de la dictadura, de la parálisis de la sociedad, de sus instituciones, el miedo se apoderaba de la población. Se sabía lo que les podía pasar a ellos mismos cualquier día.

En la década del ´80, el Gral. Bgda. Ramón César Bejarano, hombre desprendido y sensible con el pueblo indígena, ya no estaba al mando del INDI y Alberto que era un líder nato, por esas cosas de la ambición de los hombres, más por la ambición que por las cosas de la vida misma, tuvimos que refugiarlo en nuestra quinta en Yaguareté Corá, en complicidad con un vecino, que más tarde fue presidente del INDI.

Cuando se despedía de nosotros camino a su escondite, acompañado de mi pariente nos decía desde lejos, en voz alta y con aire desafiante; -Wir werden siegen- (ganaremos). Tenían que frenarlo de alguna forma, o tomaba la delantera, era un gran líder, un lider nato dentro y fuera de su pueblo.

En su valle, Santacruz, siempre invocaba a sus antepasados, dentro de un toldo escogido, en donde ardía un fogón y se cocinan los alimentos que acompañarán la ceremonia. Tomando mate, comiendo tortillas, carne de carpincho y bailando, se pasaba la noche.

En esa tertulia, los ancianos cuentan historias a los niños y los aconsejan para que lleguen a convertirse en hombres sabios.

Actualmente, esa festividad se ha colectivizado y asisten miembros de las comunidades e invitados. Cada vez más personas "no nativas" participan en ella con gran devoción y respeto.

Incluso se realizan rituales en lugares tan cercanos como en el interior del Jardín Botánico de Asunción, en la Región Metropolitana. Es ahí, en ese lugar donde vivió Santacruz sus últimos veinte años y es donde los nativos urbanos de la Capital se congregan.

Así en el Paraguay, paso a paso, quiere surgir abrazando su rica diversidad cultural. Hasta ahora, no ha sido un proceso fácil, pues la mayoría de los paraguayos no conocemos de manera profunda el valor de estas expresiones originarias del año lunar.

El 21 de junio está para eso. Es un hito relevante que nos une y da sentido. Es el camino que hace posible el encuentro intercultural y la valoración de la identidad, lengua, religiosidad y cultura de los pueblos indígenas.

Por eso, la experiencia de esos años, nos han enseñado a nosotros ciudadanos, a tomar conciencia del significado y trascendencia el ser de los Pueblos Indígenas. Deseamos que en los próximos años el origen de estos pueblos este ligado a la vida y no a la memoria de héroes y revoluciones -como el citado en esta nota-, porque es una epopeya que se repite cada año cuando la tierra vuelve a despertar; o porque simplemente, nos recuerda que respiramos en comunión con la naturaleza.

Participemos juntos de la alegría que eso significa y celebremos un nuevo 19 de abril día del nativo Americano, y un 21 de junio comienzo del equinoccio en esta parte del continente, el comienzo del año lunar.

Alberto Santacruz, falleció al inicio del equinoccio del año 2003 a la edad de 78 años.


.Fuente: Del libro Ciudad de Luque...la aldea global ha llegado. - infoluque.com.py.