Edición Diciembre/2009

Las críticas que el pensamiento posmoderno ha planteado respecto de la modernidad y por ende de su hijo mayor el socialismo, parecen ahora contextualizadas como una prevención ante los excesos del estalinismo más que una embestida en contra de esa doctrina en su conjunto. El socialismo en su marcha del siglo XXI deberá si en verdad aprendió de la experiencia incluir la "prudencia" gnoseólogica-política de estos tiempos. La caída del muro de Berlín, para muchos marcó el fin de las ideologías..

La caída del muro de Berlín para muchos marcó el fin de las ideologias.

La verdad es fruto del consenso y NO tendría un valor ético en si misma.

ientras la wehrmacht arrasaba Europa occidental en la primavera de 1940, nadie en Alemania seguía los acontecimientos con algún interés, salvo los que se iban a beneficiar con las nuevas conquistas.

En ese entonces, Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi advertía a los generales alemanes; " Si alguien nos preguntara como imaginamos hoy la nueva Europa, debemos decir que no lo sabemos".

Las ideologías en Europa llegaban a su máximo esplendor en competencia. José Stalin y la revolución de octubre (años 1920 al 1953) en Rusia, sometiendo y matando de hambre a más de diez millones de campesinos que se oponían a la estatización de sus tierras. Pasando por la eliminación de la forma más cruel de millones de Judíos, por parte de los nazis. Culminando con la construcción del muro de Berlín, que dividió en dos a Alemania, desde agosto de 1961 a noviembre de 1989, (28 años).

Recién en 1989 cae el muro de Berlín, dejando tras de sí miles de víctimas. La caída del muro marcaba el termino de las ideologías para algunos pensadores, todas se habían derrumbado. Incluyendo las tiranías sanguinarias impuestas por Norteamérica en nuestra América del Sur, nos referimos a la de Stroessner en Paraguay, Pinochet en Chile, Videla en la Argentina.

Hoy vemos que el pensamiento posmoderno es un "racimo de filosofías"(*) que tiene como hilo conductor una puesta en tensión de las grandes certezas de la modernidad ilustrada, particularmente el imperio arrogante de la razón. Esta percepción de las limitaciones, desviaciones y frustraciones de la modernidad fueron detectadas ya por los frankfurtianos Horkheimer y Adorno en el texto "Dialéctica de la ilustración" (1944), en la cual se denuncia el pecado original de la modernidad; la razón al servicio de la dominación y no de la liberación. Pero no es sino hasta entrados los años ochenta en que esta crítica adquiere consistencia teórica y difusión editorial.

La verdad entendida en la tradición filosófica que va de Platón a Hegel (y que por ende llega a Marx) como la adecuación del predicado al sujeto, debe ser abandonada. Mirando la fuente escéptica del kantismo se plantean las dificultades epistemológicas de conocer realmente al objeto y se señalan los peligros de "creer" en la verdad objetiva, en cuanto la "posesión" de la verdad objetiva implica siempre la tentación de querer imponerla por medios autoritarios, de lo cual dan cuanta el estalinismo y las dictaduras derechistas.

Se devela entonces un pensamiento "débil" que a diferencia de las teorías "fuertes" de la modernidad no reclama para sí el patrimonio de la verdad objetiva. La verdad es fruto del consenso y no tendría un valor ético en sí misma.

Se ha producido el fin de la historia, en tanto, los "multimedios" o grupos empresariales dueños de medios de comunicación, tienden a crear múltiples y pequeñas historias de acuerdo a los diferentes grupos culturales que van emergiendo por esta acción mediática dispersiva que ha puesto fin a un curso de los acontecimientos con una centralidad detectable. Son muchas y pequeñas historias que no tienen una articulación sistémica entre sí. Es el fin de la historia entendida esta como desarrollo de lo inferior a lo superior (Hegel).

Estas tesis tienen como trasfondo general la reacción irracionalista y nihilista de Nietzsche en contra de la modernidad, conceptualizada como una falsa conciencia o moral de los esclavos en su dimensión democrática y como un mito en cuanto a las posibilidades de la razón.

Si a lo anterior le sumamos la tesis de J.F. Lyotard ("La condición posmoderna"/1984) del fin de los meta-relatos (utopías) por la pérdida de su capacidad convocante, el encuentro entre estas filosofías posmodernas con el socialismo tenía que ser necesariamente conflictivo.

A mediados de 1996 en la comunidad de la Universidad de La Habana, se publicó el texto de Paul Ravello "El debate de lo moderno y lo posmoderno", el texto se difundió con rapidez en los círculos intelectuales y fue recibido también con cierto espíritu prejuiciado. Se escuchó decir, eso de que globalización, neoliberalismo y pensamiento posmoderno, eran tres líneas de acción de un mismo proyecto global voceado por el pensamiento único surgido del consenso de Washington.

Estas apreciaciones existentes en los ámbitos intelectuales cubanos se comprende si consideramos que el contexto político estaba signado por un fuerte repliegue de la izquierda mundial, ante el fracaso del socialismo extremo (comunismo) en el mundo.

A este racimo de filosofías y hermenéuticas que llamamos posmodernas deben ser consideradas en una mayor posibilidad teórica que como un simple reflejo de la "lógica cultural del capitalismo tardío" (Jameson 1984)

Han pasado algunos años y los acontecimientos lo han hecho a una velocidad vertiginosa. Escuchamos de los líderes de la izquierda paraguaya vociferar, hablar como lo hacían hace 60 años, otros líderes en Europa y el Caribe. Recientemente en Venezuela y luego en otros países, incluyendo el nuestro, se escucha vociferar consignas que llevaron a la ruina a grandes líderes como Salvador Allende en Chile, por nombrar uno.

Los dirigentes de la izquierda paraguaya, no se quieren dar cuenta que; "sin haber leído a Karl Marx (1818-1883), o a Vladímir Ilich Uliánov, (Lenin), “no pueden hacerse llamar marxistas leninistas", ¿cómo pueden decirle al campesinado paraguayo que esas doctrinas les salvaran?, si ellos saben de su fracaso.

Para triunfar con esta utopía tendrán, que hacerla nacional, particular, única e irrepetible, lo cual es imposible, por el alto nivel de información que el paraguayo medio maneja. El socialismo debe huir de los modelos como de una peste. Esto que trata de hacer consenso la izquierda paraguaya y latinoamericana se refleja en una instalación definitiva de la democracia y los derechos humanos en el seno de nuestras concepciones. La arrogancia intolerante fundada en totalitarismos gnoseológicos que tan bien interpretó el marxismo-leninismo producido por el estalinismo no debe repetirse.

Con menos arrogancia y más optimismo histórico la izquierda reemprende la marcha en ella el socialismo adquirirá forma posmoderna necesariamente. Es la hora del socialismo posmoderno; una performatividad del ser con la subjetividad, sangrante aún de la experiencia soviética, la alemana (la comunista) o la cubana incorporada de modo definitivo.

Recuperado el optimismo histórico no veremos la razón histórica enloquecida en frenético y zigzagueante deambular. El ser fragmentado se reconstituirá como en un play back para reemprender una marcha que quizás sea la última posibilidad ante una hecatombe ecológica ad-portas.

Las críticas que el pensamiento posmoderno ha planteado respecto de la modernidad y por ende de su hijo mayor el socialismo, parecen ahora contextualizadas como una prevención ante los excesos del estalinismo más que una embestida en contra de esa doctrina en su conjunto. El socialismo en su marcha del siglo XXI deberá si en verdad aprendió de la experiencia incluir la "prudencia" gnoseólogica-política de estos tiempos. La caída del muro de Berlín, para muchos marcó el fin de las ideologías.


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