Edición Setiembre/2009


La naturaleza ha sido pródiga con nuestro país, el Paraguay. Pero la activa mano del hombre no lo ha sido en grado menor. Grandes ciudades, bordeando ríos, enclavados en nuestro Chaco o serranías, son el vivo testimonio de un anhelo de progreso y engrandecimiento.

Un dinamismo que no sabe de pausas ni conoce treguas.

El día del folklore y las tradiciones.


l 22 de agosto los luqueños celebramos el día del folklore y las tradiciones, cientos de jóvenes luqueños salieron a las calles a celebrar y rememorar nuestras tradiciones.

Conformamos un Paraguay geográficamente amplio, dilatado, espacioso, que presenta un clima templado de múltiples paisajes, de esplendente belleza y la conmovedora expresión del trabajo humano.

Los rincones y calles de nuestro país se llenan de gente que se reúne para compartir sus emociones, costumbres y tradiciones: unas veces los motivos son religiosos, otras veces la razón es pagana, es decir, no religiosa.

Un país de maravillas de ensueño que se brinda a la contemplación del viajero, según sea la zona o región a la que éste acceda.

De norte a sur, encontrará el raigambre de un ancestro que vive enraizado en la tradición, y se expresa con la fuerza que le da su vigencia a través de siglos. Si llega a los países limítrofes, encontrará la magnificencia de los dones allí volcados por la naturaleza, en ámbitos, pletóricos de belleza no igualada, única en el mundo entero.

Una conjunción de verde en sus mil matices, compiten con el variopinto de la gente que camina por sus calles.

A un costado, el imponente río Paraguay con sus peces dorados y plateados, de las inaccesibles praderas menores diseminadas en varias regiones, se alinean con espejos de agua rutilantes bajo el sol, así se ofrecen los manjares de una mesa bien servida.

Ríos caudalosos cruzan el territorio, bañando los campos, valles y la selva cordillerana, hasta desembocar en el mar atlántico. Numerosos afluentes matizan esa geografía, corrientes, cascadas y un cielo límpido coronando desde lo alto este conglomerado natural que se ofrece a cada paso.

No hay un lugar en Paraguay parecido a otro, es como se forma el carácter de su pueblo, expresado en la artesanía que se hace tradición en el pueblo. A su vez, lentamente se está haciendo realidad la propuesta de un Luque mejor, y de mayor lucimiento, propuesta más en términos de la cuál, es la herramienta que tenemos los luqueños que participamos de la organización y desarrollo de las iniciativas urbanas para evaluar y acompañar su desarrollo integral.

Salta a la luz lo que ya creíamos olvidado, no dejamos de agradecer a la naturaleza lo que nos ofrece, celebraciones como estas, como ser las jineteadas, y los ruedos taurinos junto a las amazonas, la recolección y cosecha de los frutos, en la elaboración de distintos tipos de alimentos, todos procedentes de nuestro suelo: Cada suelo, cada pedazo de nuestra geografía tiene una fisonomía propia, un encanto particular, una decisiva configuración.

La naturaleza ha sido pródiga con nuestro país, el Paraguay. Pero la activa mano del hombre no lo ha sido en grado menor. Grandes ciudades, bordeando ríos, enclavados en nuestro Chaco o serranías, son el vivo testimonio de un anhelo de progreso y engrandecimiento.

Cada ciudad es la viva expresión de un dinamismo que no sabe de pausas ni conoce treguas. Múltiple y generalizada la actividad de Paraguay, se desenvuelve al ritmo vibrante que impulsa la moderna técnica, en esta hora vertiginosa que vive la humanidad, sin embargo, nuestras tradiciones nos enseñan quienes somos, la imagen viva de nuestro pueblo, “el día que las olvidemos, dejaremos de ser paraguayos”.
 


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