Edición Abril/2008

Dicho en buen romance: "...la democracia post-autoritaria ha generado una estructura de empleos, prebendas y beneficios directos e indirectos en todos los niveles, a costa de los cuales medran no pocos. Las persecuciones políticas a todo nivel en la administración pública. Así, sin movimientos sociales propiamente tales, con sindicatos muy debilitados y con asociaciones de ciudadanos casi inexistentes, la ciudadanía adquiere el rostro efímero de los públicos o audiencias frente a las ofertas simbólicas del mercado mediático". ¡¡El poema de lo trágico!!

¿Pasaremos a una nueva agenda?
el tejido social la necesita.


a fecha; 20 de abril la ciudadanía paraguaya esta convocada a la renovación de sus autoridades, Poder Ejecutivo, Legislativo y Gobernaciones. La política paraguaya se debate en la actualidad en cierta medianía que hace muy difícil vindicar a sus actores, cualquiera sea el sello ideológico que le sirva de emblema.

En un primer diagnóstico habría que consignar el monopolio que ejercen las cúpulas políticas ligadas a los partidos existentes. Paraguay vive una época en que lo político se ha vuelto una cuestión de camarillas asesoradas por consultores expertos.

Convengamos que todos vemos el mundo de una u otra forma y tenemos ideas sobre él. Todos tenemos una ideología, seamos conscientes o no; inclusive quienes declaran abiertamente no tenerla.

Decir que se es escéptico es tener ya una misma ideología del escepticismo que como cualquiera puede llegar al fanatismo. Lo normal es que nos sentimos naturalmente atraídos por quienes tienen ideas y valores semejantes a los nuestros, por quienes disfrutan de las mismas cosas y tienen prejuicios parecidos a los propios.

Entonces, estamos hablando de gente que tiene la misma "mentalidad", De individuos que comparten ciertas creencias y que tienden a reunirse en clubes, iglesias, partidos políticos, movimientos, y cuantas otras cosas. No importa lo "independientes" que pretendamos ser, todos nosotros estamos influidos y movidos por ideas. Somos creadores y producto de ideas, de ideologías y, a través de ellas, manipulamos a otros y nos manipulan también a nosotros.
 

"...de nuestras rebeldías silenciadas"!

El gobierno paraguayo que surja de las elecciones del 20 de abril próximo, si tiene la voluntad de recuperar la soberanía hidroeléctrica nacional de los paraguayos como alguno de los candidatos ha manifestado con firmeza, tendrá la patriótica tarea -y el pueblo entero debe acompañarlo- de vencer la intransigencia de Itamaraty, actitud cuyo origen está en el oculto interés de que no se reduzcan los enormes beneficios de las transnacionales que acaparan el negocio eléctrico en el Brasil.

El mismo pueblo brasileño, víctima también de la expoliación de las citadas intermediarias, puede ser un poderoso aliado del pueblo paraguayo para alcanzar el trato decente que nos merecemos por obtener un precio justo por nuestra energía hidroeléctrica de Itaipú que le entregamos al Brasil.

Editorial en tapa de abc Color 29/II/2008

En todo esto el ciudadano común está ausente de las grandes decisiones, sea que se trate de algún Movimiento Obrero para decidir si otorga su apoyo a un candidato, o de lista sabana de candidatos a alguna comisión directiva; invariablemente, las decisiones se toman a puertas cerradas.

Esta práctica se radicaliza cuando observamos al partido de gobierno: todo se decide en la lógica interna del partido, sea la nominación de la plantilla de candidatos a parlamentarios o de nombramientos ministeriales o públicos y en el reparto de los cargos públicos a cambio de apoyo político.

El actual marco institucional ha dejado fuera la expresión ciudadana bajo la figura de una democracia representativa cuya modalidad electoral propende, exactamente a la marginación de partidos o conglomerados menores.

En este sentido, se toman decisiones evocando a todo un pueblo, como lo fue el tratado firmado -hace 35 años- por el Paraguay con Brasil y Argentina para la construcción de las represas de Itaipú y Yacyretá, dos emprendimientos binacionales que, por constituir vergonzosos atropellos de dos países grandes y fuertes contra otro pequeño y débil, a más de estar sometido nuestro pueblo, en aquella época a una despiadada dictadura.

Entonces hablamos de la "clase política", y nos referimos a los "happy few" que tienen el privilegio de participar de la republica. Las prácticas endogámicas de la "clase política" la tornan un círculo cerrado al cual es muy difícil acceder.

No es raro entonces que en el sentido común de la ciudadanía, la "clase política" se asimile con facilidad a "mafia": una suerte de fraternidad que negocia y decide por el resto de los paraguayos.

Es cuando nos llenamos de esta "clase política" que no es mas que un estamento de "operadores" carentes de grandes atributos y virtudes, constituida por hombres de escasa estatura y visión que esconden su mediocridad detrás de un pretendido lenguaje técnico, ligada a escandalosos intereses económicos nacionales e internacionales.

Están exentos de glamour algunos y alejada de los problemas cotidianos de la mayoría ciudadana, ocupada de sus negocios y cuotas de poder, la mentada "clase política" criolla es una clase sin clase, o como suelen decir nuestros campesinos en el habla popular, el guarani, ..."los políticos son una pandilla de "mondaha kuéra" y sinvergüenzas".

En esto no hay ideología, no se refleja ni la ideología Liberal ni Colorada, la Ideología es un conjunto de creencias, ideas o incluso, actitudes íntimamente relacionadas, características de un grupo o comunidades.

Se debe tener bien presente que lo que separa la Ideología de la Teoría o la Filosofía es que, mientras las dos últimas implican reflexión, organización de ideas, y siempre que sea posible, su demostración, la ideología forma creencias que incitan a la gente a la acción sin necesidad de soporte lógico.

En diferente medida y con ciertos matices, todos los partidos políticos paraguayos están inmersos en este modo de hacer las cosas, todos, de algún modo, han dado su aquiescencia al actual estado de cosas. En efecto, bajo el supuesto de que estamos en el camino de la prosperidad y la paz, la democracia de la transición se ha convertido en una manera de administrar el Estado para alcanzar los consensos necesarios que garanticen una muy baja conflictividad social y un mercado libre que asegure el lucro del gran capital.

Los consensos, en rigor, han autonomizado el orden tecnoeconómico del quehacer político, de suerte que los Poderes del Estado relativizan su capacidad de impulsar cambios significativos en el país.

Las raíces profundas de este estado de cosas obedecen, desde luego, a causas histórico - sociales inmediatas y mediatas. Basta recordar las limitaciones en que fue posible la transición entre nosotros, los amarres constitucionales heredados, (segunda vuelta electoral en las presidenciales y las listas sabana) estamos por llegar a dos décadas de la caída de la dictadura y aún el Partido Colorado no ha asumido su responsabilidad política, por ejemplo.

Sin embargo, sin desconocer todo aquello, es interesante advertir que la democracia pos-autoritaria ha generado su propia atmósfera. Dicho clima lo podemos describir muy sucintamente como una complicidad de una amplia mayoría que profita del sistema imperante: desde el más modesto trabajador en un lejano gobierno local que ha cambiado la cesantía abriendo fuentes de trabajo vía "vendedores ambulantes" y los que viven del reciclado. Hasta el gran empresario que advierte como crece su capital, desde los pequeños favores y subsidios a sectores extra parlamentarios hasta franquicias legales a grandes empresas, (la soja es un claro ejemplo) pero este es otro tema a tratar.

En un país históricamente empobrecido por las guerras y cuya impronta ha sido el signo frustráneo para los más, no tiene nada de raro que una cierta institucionalidad política se relacione estrechamente con las gratificaciones que éste pueda ofrecer. De algún modo, la estructura laboral, y su correlato, el crédito, es el modo en que se ejerce hoy, en una sociedad de consumo, el control social.

Dicho en buen romance: la democracia post-autoritaria ha generado una estructura de empleos, prebendas y beneficios directos e indirectos en todos los niveles, a costa de los cuales medran no pocos. Así, sin movimientos sociales propiamente tales, con sindicatos muy debilitados y con asociaciones de ciudadanos casi inexistentes, la ciudadanía adquiere el rostro efímero de los públicos o audiencias frente a las ofertas simbólicas del mercado mediático. ¿Pasaremos a una nueva agenda? el tejido social la necesita.

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