Primera Quincena de Agosto/2007

Si la tecnocracia neoliberal ocupa los puestos claves en el gobierno actual es porque pareciera que en la oposición existiera un acuerdo en torno al dogma de que no hay otra alternativa al modelo de gobierno neoliberal, que beneficia a los mismos grupos que aumentan y concentran cada vez más riquezas. .

Se dan el lujo de "reinar sin gobernar".

Nuestra clase política paraguaya. (I).


a jugada magistral la de derecha paraguaya en el Senado, y el querer desprenderse de la imagen de genuinos representantes de la oligarquía (1) empresarial, unidos al Partido Patria Querida votando hace años atrás a favor de la Ley de Reordenamiento y Readecuación Fiscal Ley 2.421 en contra de una medida que beneficiaba al grueso de la población. Más de una maniobra publicitaria y efectista digna de Alicia en el País de las Maravillas (1865), de Lewis Carroll. Hermosa jugada porque el contribuyente más grande nada paga.

Pero como en la otra fábula, el Rey quedará desnudo. Es difícil llamarse a engaño. En el triángulo de poder que configura a la política paraguaya, la derecha actúa como el "arriero celoso" entre el poco "duradero romance" entre la Alianza Patriótica con Fernando Lugo y la burguesía empresarial.

La Alianza, que al igual que los príncipes de Niccolo Machiavelli, aprovecha la ocasión para cegar al adversario y deslumbrar con sus estocadas al público asistente al espectáculo.

No obstante, si se escruta la realidad desde la perspectiva del sentido común nos damos cuenta de que quién lleva la batuta desde la dictadura hasta hoy es la burguesía empresarial. Sólo ella puede darse el lujo de "reinar sin gobernar".

Gaetano Mosca, jurista y científico social italiano de la década del treinta del Siglo XX, bautizó a los profesionales de la política, como ¿clase política?, utilizando para ello el vocablo clase, que en los análisis marxistas y estructuralistas tiene otra acepción.

Su seguidor, Robert Michels, demostró que en el caso de la socialdemocracia alemana, sus dirigentes se perpetuaban (como en Paraguay con las listas cerradas) en los cargos y cambiaban de un lugar a otro, como por ejemplo un parlamentario que después pasaba a ser Ministro, Subsecretario o Presidente de una seccional, para reaparecer después como parlamentario.

Max Weber lo afirmó con claridad en ¿La política como profesión?. La sociología desarrolló una rama dedicada a las organizaciones y comprobó una y otra vez la ¿ley de hierro de la oligarquía? de Michels, completada acertadamente por la más reciente sicología del poder.

Por lo que hay veces en que esa oligarquía empresarial mueve sus peones y aparenta agravio para que sus pretendientes compitan en el campo de la fidelidad a sus intereses. Así, luego, en la contienda electoral venidera, podrá apostar a la segura: al que más le convenga.

Y los dos contendores tendrán que dar exámenes ante el tribunal del neoliberalismo criollo, como lo hace en la actualidad Fernando Lugo, cuando, sin querer se le "chisporrotea" su socialismo.

Ya sabemos que uno de ellos es un eximio empresario; un fino "connaisseur" de las intrigas de su propia clase empresarial. El otro tendrá que aventajarlo con promesas, dádivas y privilegios, si quiere ganar el gobierno para su tribu.

Pareciera que es el enigma del ejercicio de la gobernabilidad a la paraguaya. Es difícil ignorar que la crisis actual, el hambre del pueblo, tiene su clave -para la solución de sus problemas- dentro de la Alianza Patriótica.

La Alianza Patriótica y los grupos que la sustentan, no son, lamentablemente, la excepción a esta selección cupular de los que aparecen tomando las decisiones.

Hay demasiados nombres que venimos escuchando durante más de una década, primero en algún Ministerio, después en el Congreso, luego en la jefatura de algún partido, para reaparecer en otro Gabinete, en la Dirección de un servicio importante o en alguna embajada, o como consejero de alguna idroelectrica.

No se trata esto de una gerontocracia, no más, sino también de un sector de treintones o cuarentones, y hasta ancianos, cuyas caras aparecen con demasiada frecuencia en las pantallas de televisión, tan repetidas como los personajes históricos que ellos dicen reemplazar.

A buena parte de ellos la historia del país que escribirán nuestros nietos, no les dedicarán ni una sola línea. Pasan de un lugar a otro sin dejar mayor huella, con discursos tan vacíos como repetidos, con programas que son disueltos por la realidad en poco tiempo.

¿Aquí cabe también la Orkutmanía? -por decir que copan todo- que de vez en cuando ataca a los candidatos que no le son de su agrado. Alejados de la cotidianeidad del paraguayo común, creyéndose poseedores de la verdad absoluta, pontifican sobre todo y para todos.

Así este socialdemocrata Michels nos recuerda la pertenencia a una familia vinculada al poder económico y político. Jefes industriales y comerciales, se trasladan sin más trámites que su voluntad o la voluntad de sus capos familiares a los puestos públicos y parlamentarios o de las altas finanzas nacionales. Es nuestra clase política paraguaya.
 

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