Primera Quincena de julio/2007

Desde la perspectiva editorial, oponerse a sus derechos es estar en contra de los derechos más básicos de la infancia y de la juventud, y en consecuencia, la protección de la familia. Los que creen protegerla, más bien la destruyen de raíz. En una sociedad que ha estado en transición y reestructuración durante las cuatro últimas décadas, y fuertemente marcada por la introducción acelerada de la economía de libre mercado, la familia y su concepto convencional de "sede de la naturaleza" se ve amenazada..

A cada familia luqueña le falta un miembro, que ha emigrado.

Estamos destruyendo nuestra cedula madre; La familia (I)


 

Recién celebramos el 14 y 15 de mayo en conmemoración a nuestra Independencia Patria los 169º aniversarios de aquel acontecimiento y el 12 de junio, 72º de la Paz del Chaco. Así como el concepto de Estado-Nación que los paraguayos llevamos muy dentro de nuestros sentimientos como son también los que sentimos por nuestro Chaco.

Los fundamentos, como soberanía y derechos territoriales son custodiados para no ser violentados por la vertiginosidad de la globalización, pero esta globalización neo-liberal no incluye a personas, la familia, esta cedula madre que tienen las naciones como Paraguay, que conforma la sociedad y un país, comienza a sufrir sus propios embates, la destrucción.

En este caso, no se trata de que la familia esté siendo "víctima" de una modernidad mal enfocada con la globalización, el fenómeno radica en que la familia paraguaya se esta desintegrando. En cada familia luqueña falta un miembro, uno que ha emigrado en busca de un mejor porvenir.
 

Una investigación realizada

para la OIT

Una investigación realizada para la OIT (Organización Internacional del Trabajo) revela que el desmembramiento de las familias para ir a la ciudad o a Argentina y España se volvió común en hogares Paraguayos.

 

 Como parte de un análisis del trabajo infantil doméstico (TID) que la OIT llevó adelante en tres países, Colombia, Perú y Paraguay, un equipo integrado por Lilian Soto, Aristides Escobar y Raquel Escobar desarrolló entrevistas y sondeos en la localidades de Pirapey, Itapúa, abarcando 16 casas, y el Bañado Sur de Asunción, en 13 viviendas.


                              (Fuente Ultima Hora 6/6/07)

Lo que se puede observar más bien es de no poder absorber una dinámica social de cambios que parecen haber caído en la trampa de un voluntarismo social deprimido, con gobernantes carentes de ideas, e incapaces de satisfacer las necesidades y demandas del pueblo.

Este, definitivamente es conducido con fines políticos unilaterales, o con un sistema normativo que se sustenta en sí mismo, en el caudillo del pueblo, en donde, como manda más maneja un determinado cupo de puestos de trabajo ya sea en los ministerios, hospitales públicos, empresas estatales, y un sin numero de otras regalías que no llegan a todo el pueblo sino más bien a los "correli" son claros los objetivos; el mantener un sistema perimido y un puesto bien remunerado colgado del Estado.

Pero el que emigra, ¿No lo hizo acaso por no tener la oportunidad de trabajo en el Paraguay? ¿No se enfrentó a ese mismo dilema como miles de nuestros compatriotas? donde es más nítida la confusión es en la aplicación de conceptos usados como absolutos, y que obligan a plantear una vez más la pregunta: ¿de qué sociedad y familia se está hablando?

Lo que fuerza esta nota editorial es; "porque un sector del liderazgo político, especialmente en la oposición política agacha la cabeza y termina aceptando este tipo de situaciones. Es más. La empresa privada y los políticos, ¡¡hacen negocios con ellos!!, como queriendo decir "hoy son ellos los que se benefician, mañana seremos nosotros" y no se oponen ni rechazan este tipo de distribución del trabajo en la ciudadanía toda", esto lleva a la orfandad de la familia, y ése concepto particular de familia, esa cedula madre, se esta muriendo.

Los que promueven la distribución del trabajo, en especial de los puestos públicos que para su acomodo aparecen como "protectores" de la familia, siendo que simplemente son los destructores.

En época de la dictadura estos mismos personajes les instaban a sus propios compatriotas a emigrar, "el que no quiera este régimen que se vaya" decían, y se llenaban de orgullo "nosotros los buenos paraguayos nos sentimos felices junto al presidente E`troner, luchamos contra quienes buscan destruir a la familia paraguaya" era como terminaba la frase.

Una discusión parecida ocurría en las luchas por los derechos civiles en los EEUU, particularmente en el sur, a fines de los años 50, cuando los estadounidenses de origen europeo, acusaban a otros "blancos" de estar en contra de la familia, cuando defendían los derechos civiles de los ciudadanos de origen africano.

La idea moderna de derechos humanos surge de la oposición entre naturaleza y cultura, y de allí se replantea el concepto de familia. A pesar de las tradiciones y costumbres establecidas por una sociedad, cada persona tiene ciertos derechos esenciales, sin importar cuán desventajosa sea la estructura cultural. Dos puntos originados en el siglo XVIII dieron vida a esta idea de los derechos: primero la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; y luego, la igualdad y la fraternidad.

Estos principios no son percibidos del mismo modo y los supuestos que los generaron en el siglo XVIII, ya no existen. En la medida en que se perdieron estos fundamentos en cuanto a la humanidad en general, es aún más difícil aplicarlos a la familia.

Los compatriotas que se decidieron a emigrar aparte de alejarse de su familia sufren el extrañamiento y están obligados a vivir otra cultura, que al comienzo les parece interesante pero que poco a poco les va dejando de parecer interesante, regresando a sus propias raíces. El ciudadano paraguayo se encuentra profundamente enraizado en su cultura por más de dos cientos años, situaciones que son muy paraguayas, y si no lo cree visite un Civer luqueño, cualquiera, un día domingo, y vea como ellos se complacen hablando en guaraní, los niños lloran y añoran estar al otro lado de la línea junto a sus familias.
 

Proxima entrega:

Estamos destruyendo nuestra cedula madre; La familia (II)

Llaman "diversidad familiar" cuando los abuelos y tíos crían los niños

Nadie podría negar que las familias, los miembros que la componen no son como las de antes.


Sin embargo, esta constatación genera desconcierto, preocupación o la percepción de que un "orden" preestablecido que estaría en peligro a causa de la emigración masiva de compatriotas que esta sufriendo Paraguay.


Esta sensación de inseguridad y de orfandad, que sufren los miembros más desprotegidos de la familia, los niños, esto puede explicarse, porque efectivamente dichos cambios son dinámicos, se producen día a día y emplazan ya no sólo a las personas o a sus redes, sino lisa y llanamente al Estado, al País.


La conceptualización moderna del bienestar de la familia y del bienestar infantil y juvenil, proviene directamente de estas ideas de oposición entre lo privado y lo público, y sobre la naturaleza y la cultura, en las cuales se basan la familia y los derechos.


Los niños y los jóvenes, como seres vulnerables dentro del ámbito de la familia pertenecen al dominio público ellos al nacer lo hacen con derechos cosa que no ocurría ayer con nuestros abuelos.

El supuesto básico es que la psiquis tiene una dignidad natural (muchos siguen conservando la misma idea). Esta integridad de las necesidades psíquicas, aparece de una oposición entre naturaleza y cultura. Si se perjudican los sentimientos de una persona, es una violación de los derechos naturales, incluyendo la familia que se queda a esperar, es como apropiarse de los bienes de alguien, o encarcelarlo arbitrariamente.

La búsqueda de la felicidad, es una formulación de esa integridad psíquica, y la fraternidad es otra. Es la persona natural quien posee el derecho psíquico, no el individuo.

El concepto peculiar de cultura en contraposición a la naturaleza comenzó a arraigarse en Europa en el siglo XVIII. La emergencia de la Ciudad ayudó a los ciudadanos a distinguir lo natural de lo privado, asociando lo natural con lo privado, y la cultura con lo público. Las metrópolis latinoamericanas han seguido el patrón europeo y no es una casualidad que se haya quedado en el Paraguay.

Lo más conmovedor es que en torno a esta realidad que vivimos se tiende hacer imperar una cultura del silencio. Por consiguiente, es de suponer que, en un lustro tendremos conformada otra sociedad, víctima de este tiempo de la globalización que no incluye a las personas.
 


 

Envíe sus comentarios o sugerencias a esta dirección de correo electrónico

Fotos: images.google.com


Google
 
Web www.infoluque.com.py