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En Ñacunday, las tierras en litigio, con campesinos que no tienen escuelas. Las existentes son utilizadas por los colonos brasileños dentro de los feudos, en idioma portugués, se entona el himno nacional del Brasil, las radioemisoras y la televisión, transmiten en ese idioma, la gente habla en portuguez. Entonces es adverso para un ciudadano paraguayo que viva en las cercanías de esas tierras hablar en castellano, al momento de ser entrevistados por la prensa de la Capital. Más que nunca, en la actualidad, en el Paraguay es cuando la gente “debe” hablar en guaraní y traducido al castellano, esto pasa por una experiencia sorprendente y a lo mejor inverisímil, ya que a ese efecto primero se debe pensar en Guaraní y luego “hablar” en castellano; 

Palabra de pobre, campesinos y nativos.


 

La capacidad de crear y utilizar un idioma es un rasgo distintivo del ser humano. Algunos otros animales pueden desarrollar sofisticados medios de comunicación, pero nada parecido a una lengua. Si bien existen otros lenguajes como la música o la plástica, nuestro idioma, el guaraní es el recurso privilegiado para pensar, creer, soñar, crear, amar. Es decir, vivirnos y convivirnos como personas.

Por eso, es difícil imaginar una afección que nos prive de esa capacidad. La persona queda encapsulada en un mundo de objetos y seres sin nombre, vacíos de sentido y significado. Incapaces de decir y decirse.

"Nadie duda que los Nativos Guaraní fueron conquistados y reducidos de mil formas" comenta David Galeano Olivera (*), en sus escritos "El castellano reducido por el guaraní". En efecto, en mayor número, ellos fueron denigrados, marginados, discriminados, sometidos, vejados, esclavizados, torturados, asesinados y, en muchos casos, aniquilados étnicamente de la faz de la tierra. Quien intente disminuir, menoscabar, desvirtuar o desconocer las barbaridades cometidas contra los nativos, no hará sino demostrar su gran hipocresía o necedad.

La conquista y reducción se materializó a través de las Misiones. Los nativos que -hasta la llegada del conquistador- se destacaron por su vida selvática; a partir de la reducción -por primera vez- debieron construir edificaciones de piedras. Luego, fueron obligados a convertirse al cristianismo. Toda la primera etapa de esa época, los conquistadores intentaron la colonización mediante el uso de su idioma: el castellano.

Sin embargo, la resistencia de nuestros ancestros se hizo fuerte y decidida, al punto de negarse a aprender el castellano. Este hecho, inédito en la conquista de América, obligó a los conquistadores a reducirse y someterse ellos mismos, al conocimiento y uso de la milenaria y armoniosa Lengua Guaraní. Desde allí empieza y se extiende hasta hoy, el increíble fenómeno histórico por el cual el Castellano es reducido por el Guaraní” concluye Galeano.

En eso pensamos cuando oímos hablar a ciertos jóvenes. Especialmente a jóvenes de sectores populares. Un repertorio muy limitado de palabras y expresiones, basadas en estructuras básicas, con una pronunciación apenas comprensible. Normalmente, un discurso fragmentario, lleno de vacíos e incongruencias, apenas salvadas por interjecciones, onomatopeyas y locuciones mal dispuestas. Pensamos entonces en cuál es su capacidad para decir y decirse.

Creemos que en eso pensó el Gobierno, y, a través del Ministerio de Educación y Cultura, instalar en tierras de Ñacunday, 25 carpas donadas al Ministerio de Educación por los Estados Unidos de América. Esto beneficiará a las diez mil familias estacionadas en terrenos fiscales esperando la disolución de uno de los feudos formados dentro del territorio Nacional. Están inscriptos más de 1.000 niños, adolescentes y jóvenes. El ministerio llevó también al lugar unas 700 sillas y kits escolares.

En Ñacunday, las tierras en litigio, con los campesinos que no tienen escuelas. Las existentes son utilizadas por los colonos dentro de los feudos, las escuelas enseñan en idioma portugués, se entona el himno nacional del Brasil, las radioemisoras y la televisión, transmiten en ese idioma, la gente habla en portuguez. Entonces es adverso para un ciudadano paraguayo que viva en las cercanías de esas tierras hablar en castellano, al momento de ser entrevistados por la prensa de la Capital.

Más que nunca, en la actualidad, en el Paraguay es cuando la gente “debe” hablar en guaraní y traducido al castellano, esto pasa por una experiencia sorprendente y a lo mejor inverisímil, ya que a ese efecto primero se debe pensar en Guaraní y luego “hablar” en castellano; es decir, hablar un castellano construido en los moldes del Guaraní. Definitivamente, desde la conquista y hasta hoy, la conciencia colectiva paraguaya piensa en Guaraní cada vez que “necesita” hablar castellano.

El Avañe’ë forma parte del paraguayo. Con el paso del tiempo, probablemente se convirtió en uno más de sus órganos vitales, o tal vez en uno de sus huesos más duros y resistentes; o podría -por qué no- formar parte integrante y vivificante de su fluido sanguíneo. Asimismo, podríamos decir -sin exagerar- que hasta el aire que respiramos contiene partículas de Guaraní.

Al joven lo imaginamos; o estudiando, buscando un trabajo, haciendo un trámite, exigiendo una buena atención o defendiendo sus derechos. ¿Cuáles son sus reales posibilidades y oportunidades? Luego, los imaginamos mayores leyendo el contrato de trabajo, el plan del Seguro Social o las condiciones de la tarjeta de crédito. Claro, si es que llegan a tener la buena fortuna de estar en esa situación. Ni siquiera nos atrevimos a imaginarlos en mundos más complejos como la literatura, la ciencia, un idioma extranjero o el autoconocimiento. Sentimos que su pobreza expresiva es síntoma y también causa de un futuro degollado, de pobreza amplia asegurada, como la que tuvieron sus mayores.

Cuando hablamos de pobreza expresiva no queremos decir incapacidad para comunicarse. Hablamos de la incapacidad para generar relatos estructurados y lúcidos de sí mismos, de su mundo, de su futuro. El punto es que sin relato, no hay proyecto. Solo reproducción regresiva de la situación actual.

Por eso, nos sorprenden las opiniones de comentaristas de poca monta, cuando hablan con desprecio y entusiasmo infantil, casi burlándose de la "palabra de pobre", de campesinos y nativos comentando que; "...José Venialgo, técnico de la Dirección General de Educación Inicial y Escolar Básica de la Secretaría de Estado, explicó que en la jornada trabajaron para la instalación de las carpas, así como la organización de las aulas donde se instalarán los estudiantes. "Estamos hablando de 1.200 alumnos matriculados, de los cuales 900 son niños que asistirán a las aulas desde el preescolar y Educación Escolar Básica; el resto corresponde a estudiantes del tercer ciclo y el Nivel Medio. Las clases serán desarrolladas por turno y serán impartidas por un grupo de 25 docentes de la zona y de otros departamentos, que al efecto vivirán en los campamentos", afirman como una desventura.

El sistema educacional tampoco ayuda mucho. Los últimos resultados vienen a dar estatus de seriedad oficial a lo que todos saben: la mayoría de niños y jóvenes populares son “iníciales”. Peor aún, se han estancado en su “inicialidad” por problemas que nunca habían sido tocados, como lo son los feudos.

Frente a ello, la autoridad infiere que los resultados expresan “…una brecha importante que tenemos que mejorar tanto en calidad como en equidad, y esos son los desafíos que tenemos por delante”. ¡¡Brillante!!. Por eso concluye que se debe hacer más y mejor de lo mismo.

Algo así como unos toques por aquí y por allá a un sistema educacional que no funciona, a causa del feudalismo existente aún en nuestro campo. Un sistema que le pone una marca indeleble de “inicial” al niño pobre y campesino o nativo cuando ingresa. Nos parece que el sentido común indica otra cosa: si lo que haces no produce los resultados que quieres, entonces haz otra cosa.

Creemos que devolver a los niños y jóvenes pobres, campesinos y nativos su capacidad expresiva, de decir y decirse, es un imperativo ético, político y secundariamente técnico. Sin embargo, ello requiere devolver al Estado su propia capacidad expresiva que estimule la imaginación y el coraje como para generar un nuevo relato sobre la educación, que será equivalente a la capacidad que tendrán los jóvenes de relatar un nuevo país en el futuro. Ojalá el desvelamiento de estos acontecimientos en Ñacunday nos ayuden en el intento, "¡¡Palabra de pobre!!".

Febrero 2012.-
 



(*) David Galeano Olivera, docente universitario. Presidente (Director General) del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI.

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