El Tiempo Luque / Aeropuerto

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Antes que nosotros, otros ya habían dejado un testimonio escrito para la posteridad, pensamientos que aún están en vigencia en nuestra vida política. El mecanismo que nos permite esta intrusión política, es al cotejar el amplio sistema de quórum de calificados legisladores, con fueros en materias legislativas, y la distorsión de la representación parlamentaria, en el sistema de listas sábanas, con sus mayorías estrechas y de sobre rrepresentación de la minoría, mecanismos “contra mayoritarios”. De allí que cuenten públicamente con una extendida animadversión, hasta de la “pour la galerie”.

Sin fueros no son nada, vuelven a su estado original.


 

.La actividad política comprende casi toda la actividad social y divide la sociedad en dos grandes grupos o partidos. El uno que ejercita el poder y excluye al otro de su ejercicio; el otro que se esfuerza por adquirir el poder, y estorba al que lo ejercita; una mayoría y una minoría, un grupo más fuerte y otro débil. Los partidos pues son la manifestación concreta de esas dos tendencias de la vida social en el Paraguay".

"Hay en el Paraguay un arraigado e insensato prejuicio, un prejuicio hereditario que inficiona nuestra política como nuestros partidos, nuestras luchas republicanas. Los puestos públicos, la presidencia de la República, los ministerios, los cargos de Senador y Diputado son considerados como títulos de la consideración pública de prestigio, de distinción social.

El prestigio intelectual, el militar, el de la riqueza, no existe. No hay privilegio de nacimiento ni de nobleza. La única aristocracia paraguaya es la aristocracia de los altos funcionarios públicos. Un elevado cargo público ejerce una fascinación misteriosa en la opinión pública; sugestiona, atrae, excita la admiración, la envidia, cierta muda idolatría.

El comerciante que con brillante talento para los negocios y con su trabajo perseverante e inteligente ha hecho fortuna, el poeta que ha escrito inspirados versos, el catedrático de la universidad, el que diserta y escribe con sagaz penetración, el juez probo y recto, el militar, el periodista, todos viven en triste oscuridad, ignorados, desdeñados si no ocupan un elevado puesto político, si no son Senadores, Diputados o Ministros.

Bien por el contrario, cualquier mentecatillo gozará de todas las reputaciones de la de economía, financista, jurisconsulto, poeta y estratega y geómetras, desde que le caiga en suerte un puesto público. El más torpe de los estudiantes injertados en el ministerio por la gracia de algún motín cuartelero, eclipsa a su maestro, su protector, su amigo. Y ese capricho de la suerte bastará para que el amigo, el protector y el maestro se humillen ante él, procuren interpretar sus gestos, para satisfacer sus deseos, para prodigarle las más serviles adulaciones."

"El opositor, es decir el que carece de un alto puesto público, protesta furioso contra los actos de los gobernantes. Se estremece de indignación ante los males que se hace a su patria ante los enemigos de la equidad y de la virtud, de la Constitución. Su gesto airado, su mirada furiosa, huraña, sus cabellos erizados, su frente sudorosa, todas sus actitudes denuncian la rebeldía contra la injusticia.
 

El Discurso:

N.de la R: Cuando el Presidente de la República Eligio Ayala, (12-IV-1923 al 17-III-1924) en un conmovedor discurso ante el Congreso Nacional, al finalizar la sesión de análisis, jamás habría pensado que la historia recogería esta premonición, hecha para el futuro: "...y la opinión se vuelve al revés, principia a estimar a quien había despreciado y a despreciar a quien había estimado."
Pocas veces hemos podido percibir un equilibrio tan fino entre dignidad y vulnerabilidad como en el discurso ante ese parlamento del año 1926 y las autoridades que hemos tenido en democracia.
Es inverosímil, es cierto, ver esta realidad, merced del acomodo político de la sociedad.
Ayala no es el único; Años más adelante en 1934, Enrique Santos Discépolo compone el tango "Cambalache" para la película "El alma del bandoneón", en el que refleja el temor de que los débiles no fueran capaces de defender sus ideales de hombres honestos. Los dictadores argentinos, desde el propio Juan Domingo Perón, década del ´50, hasta la llegada de la democracia, con Raúl Alfonsin, década del ´90, prohibieron la difusión de este tema musical.
Una premonición que se convirtió en realidad. Al parecer entonces, en este caso es la naturaleza del trabajo artístico la que tal vez desarrollaría o agudizaría la intuición del artista provocando en él muchas veces este fenómeno denominado premonición.
A estos dos casos, el tiempo no los consumió, son dos premoniciones artísticamente y magistralmente ejecutadas. La respuesta a la intervención de Eligio Ayala frente al Congreso fue el grito estentóreo de "¡¡resentido!!", que equivale en términos morales a la caracterización estética de este discurso como "maniqueísmo".

Pero, se le ofrece un puesto público y enseguida se opera en él una transformación prodigiosa, su pasión que le atormentaba hace un momento se calma, sus gestos contraídos se desatan, su fisonomía presenta el aire contento, sereno, su mirada es viva, alegre, sus nervios se suavizan, se enternece y sonríe. Le ha besado el sol, ha aprisionado la fortuna, ha llegado a la cumbre y va a descansar al fin. El mejor gobierno es el que le da colocación. Al fin descubre esa verdad.

Los únicos distinguidos sabios patriotas son los que tienen buenos puestos públicos, los que carecen de ellos son gañanes, ignorantes, insignificantes y no merecen ni reciben el homenaje de la sociedad. Para ser diputado o ministro no se requiere de preparación, el puesto lo hace todo.

El hombre inteligente, el reformador de talento, el salvador a quien todos idolatran en su pupitre ministerial, pierde todas sus buenas cualidades con la pérdida del puesto. El hombre es el mismo; pero no se le conoce más, ha muerto en vida desde que no es Ministro. El velo del prestigio ha caído, el sainete ha terminado. Y la opinión se vuelve al revés, principia a estimar a quien había despreciado y a despreciar a quien había estimado."

"El prestigio social del puesto presta a la percepción del sueldo que le corresponde un sabor particular, todos hasta los hombres que gozan de grandes fortunas, lo reciben con deleite inefable, con un contento indefinible, infinito. El doble y triple que podrían ganar como comerciantes, industriales, abogados, médicos, ingenieros no les satisfaría, no les produciría obtener la tercera parte como diputado, senador o ministro, intendente municipal o atacche de una legación, les seria mil veces más dulce y delicioso.

Personas decentes y ricas, no tienen escrúpulos de ser postulantes miserables de cargos del que son indignos, que son incapaces de desempeñar, pierden en hacerse insoportables en bajas adulaciones, el tiempo que podían emplear en dignificarse, en elevarse, en todo caso, en quedarse en casa y vivir bien en vez de reírse de los demás, hacen que los otros se rían de ellos. Y todo voluntariamente y sin necesidad por obedecer a un ridículo prejuicio de la opinión a una quimera, a una vanidad tonta. Los puestos públicos son considerados como un fin a causa de este prejuicio.

Los puestos públicos son el soñado ideal de todos, el título ansiado para distinguirse, para divertirse y para ganar plata; ellos sintetizan las más óptimas aspiraciones y constituyen las metas supremas de todos los esfuerzos. No se piensa en lo que es bueno, verdadero y útil, sino en perfeccionarse en los servilismos que conducen a las elevadas posiciones en el presupuesto."

Eligio Ayala (*)
 
 
Noviembre 2011.-
 



.(*) E. Ayala, Mensaje al Congreso, 1926. Del Libro "Eligio Ayala" de Beatriz de Bosio.

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