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Ciertamente, esta visión sobredimensiona el alcance de estas reformas. Aunque introduce cambios y mejoras democráticas importantes, en alguna medida sólo constituyen el certificado de defunción de instituciones ya fenecidas de muerte natural, como el descontrol del poder en manos de los llamados “coloretes” o como los llamo el Mons. Rolón, Arzobispo de Asunción que los categorizo en tres grupos. A los primeros los llamo los hombres nuevos, a los segundos, los adormecidos en la mediocridad...los escombros, a las tercera categoría, los recuperables, los ingüerobiables, que con las listas cerradas y sin segunda vuelta o ballottage, han detentado el poder desde el Golpe del ´89.

1ª ballottage, segunda vuelta, 2º fin de las listas sabana, 3ª voto de extranjeros.


 

Se busca sancionar y promulgar la enmienda constitucional, en el artículo 120 de la Carta Magna, que busca establecer que nuestros compatriotas tengan derecho a voto en el exterior. Esta Ley necesariamente debe ser reglamentada. No obstante, primero se tiene que llamar al referéndum, y la enmienda debe ser aprobada por voto popular.

Por tratarse de un alto número de compatriotas que viven en el extranjero, a la hora de reglamentarse se debe tener en cuenta varios aspectos, como el tiempo de residencia y si no adquirió otra nacionalidad.

"El caso de Paraguay es atípico, porque tiene casi un sexto (1/6) de la población afuera. Pero hay otro aspecto más importante que nuestros legisladores no han tenido en cuenta, esto es la segunda vuelta o Ballotage en las presidenciales, tomando en cuenta que todos los presidentes electos hasta ahora han obtenido menos del 30% de los votos requeridos para ser presidente.

El Parlamento nacional elevó mediáticamente las recientemente por ser promulgada la reforma Constitucionales al rango de nueva Constitución, dando con ello, además, por concluida la transición a la democracia. Según esta versión, salvo la reforma del sistema electoral de listas cerradas, el diseño institucional de nuestro sistema político estaría terminado, abriéndose paso con ello a un funcionamiento de casi plena normalidad.

Ciertamente, esta visión sobredimensiona el alcance de estas reformas. Aunque introduce cambios y mejoras democráticas importantes, en alguna medida sólo constituyen el certificado de defunción de instituciones ya fenecidas de muerte natural, como el descontrol del poder en manos de los llamados “coloretes”, como los llamara el Mons. Ismael Rolón, Arzobispo de Asunción, que los categorizo en tres grupos. A los primeros los llamo los hombres nuevos, a los segundos, los adormecidos en la mediocridad...los escombros, a las tercera categoría, los recuperables, los ingüerobiables, que con las listas cerradas y sin segunda vuelta o ballottage, han detentado el poder desde el Golpe del ´89.

Pero la actual Constitución no sintoniza con los valores democráticos al otorgar certificado de plena legitimidad a una carta magna impuesta por una mayoría colorada estrosnista de hace veinte años, que nunca ha sido votada por el soberano de manera libre.

De ahí que no es extraño que a menos de dos meses de reformada, surjan propuestas de modificarla, para que cuente con la legitimidad de la soberanía popular (además de propuestas de modificar el sistema electoral de listas cerradas, materia de una ley orgánica constitucional).

El hecho de que parte de estos planteamientos surjan desde la propia coalición de gobierno, denota un distanciamiento importante con el valor que el propio Gobierno le ha dado a la reforma a ser aprobada.

Sectores socialistas han mencionado la convocatoria a una asamblea constituyente, tema que merece una reflexión más a fondo, su pedido es la reelección del Presidente. No sólo por su propia denominación, que lleva implícita reminiscencias y cargas subjetivas que hacen pensar en crisis profundas de las instituciones públicas, cuestión que -fuera de toda duda- no ocurre en Paraguay. Además, exhibe un problema de fondo, este es la carencia de un líder para el 2013 por parte del bloque liberal, ya que tal mecanismo no está previsto en el actual cuadro institucional, y en tal circunstancia, la creación ad-hoc de una Comisión Constituyente que generaría una presión institucional que podría paralizar en muchos aspectos al país.

Entonces, el desafío es encontrar un mecanismo de bajo perfil, de amplia representación y capaz de trabajar los acuerdos de propuestas, para luego someterlos al veredicto popular, como un acto fundacional de la etapa que se iniciará con el Segundo Centenario. Que tenga el espíritu de la democracia de los acuerdos, sin los vicios de la exclusión y la falta de participación.

Es esencial llegar al Bicentenario de la República del Paraguay con una norma fundamental en la que nos reconozcamos todos los paraguayos, y en la que se exhiban de manera armoniosa los desarrollos ciudadanos, institucionales y valóricos que el país ha experimentado en estos años. Su logro puede ser el compromiso de los luqueños de hoy con las generaciones que fundaron el país y, por sobre todo, con las del futuro.

El Paraguay de hoy no se traumatiza por asumir sus cambios sociales y culturales, cada vez más propios de una democracia moderna: la tolerancia, el apego a las libertades, el respeto a la diversidad y el pluralismo cultural. Madurez que se expresa en la ruptura de los cánones de género hasta hoy tradicionales en la política, en la aceptación de una concepción amplia y diversa de familia, y, en lo anecdótico, en el uso del profiláctico como método de prevención sexual. Todo esto, que tanto les cuesta aceptar a los sectores ultramontanos y conservadores de nuestra sociedad, no se expresa bien en la actual Constitución, lo que se agrega a su actualización.

Si existe un clima de consenso político básico, demostrado en la aprobación de las reformas democratizadoras, además de una atmósfera cultural y política de normalidad, podemos tener un fondo social y político para concretar el proyecto de una nueva Constitución para el Bicentenario.

mayo 2011.-
 



 

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