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Y esto del trabajo con el silencio tiene una importancia no solo estética sino política para la emancipación. Ante esto, lo importante es el relato, es saber comunicar los desafíos futuros y la importancia de volver a vivir en democracia. Líderes políticos que junto a auténticos demócratas propietarios de medios de comunicación, que el siglo que paso, se jugaron a costa de su propia seguridad, encargándose de explicarle a los paraguayos la relevancia de la democratización y modernización del país y la apertura hacia nuevas metas, es algo que los propios disertantes ya han olvidado en estos festejos.

En Luque los discursos aún no comienzan.


 

Más allá de los anuncios y la cantidad de recursos que serán invertidos en los festejos del Bicentenario, y la oportunidad de invitar a los luqueños a pensar y creer en el Paraguay del futuro, en tiempos donde escasean los relatos que conecten a actores políticos y ciudadanos en un proyecto común de país. Ya no basta con la sola enumeración de medidas y beneficios para cumplir con las expectativas y visiones de futuro de los luqueños. De esta manera, se percibe la escasa imaginación de los actores, y de paso, demuestran el vacío existente en la clase política para liderar este desafío.

Los discursos que se originaran en los festejos muchas veces reflejaran los estilos y objetivos de una línea a seguir. Muchas veces no pasan de ser un momento esperado sólo para que alguien diga algo y haga una rendición de cuentas públicas a la ciudad, los discursos de conmemoración por lo general han pasado a ser también el espacio para enumerar los objetivos de gobierno.

Si para la mayoría que ha vivido grandes cambios en los últimos años, recuperamos y construimos entre todos nuestra democracia, la que nos ha permitido alcanzar mayores niveles de prosperidad, así como gozar de una sociedad más diversa, más tolerante y, desde luego, mucho más abierta y conectada con el mundo, la gran minoría no sabe lo que paso este último siglo que paso.

Hemos avanzado en la construcción de un Estado de Derecho, cuya estructura legal se levanta a partir de la certeza jurídica y el respeto irrestricto a los Derechos Humanos. Nadie menciona que hubieron hombres valerosos como los Carlos en el ´89, entre ellos el luqueño Gral. Regis Romero, que cambiaron la vida de nuestro pueblo.

Ante esto, lo importante es el relato, es saber comunicar los desafíos futuros y la importancia de volver a vivir en democracia. Líderes políticos que junto a auténticos demócratas propietarios de medios de comunicación, (abc Color, Radio Ñanduti, El Espectador Luqueño) que en el siglo que paso, se jugaron a costa de su propia seguridad, encargándose de explicarle a los paraguayos la relevancia de la democratización y modernización del país y la apertura hacia nuevas metas, algo ya olvidado en estos festejos.

Hace 59 años el compositor norteamericano John Cage estrenó la obra musical que llamó 4.33, debido a su duración de cuatro minutos y treinta y tres segundos. La originalidad de la misma no estriba, sin embargo, en su duración, sino en que su partitura consiste exclusivamente de silencios.

Ello obliga a que la orquesta o instrumentista que la ejecute debe estar atento a cada uno de los silencios que se suceden uno tras otro. En el momento en que la obra debutó lo hizo para piano -aunque fue compuesta para cualquier instrumento-, y en la grabación en vinilo se puede oír el movimiento del músico sobre su asiento, al público tosiendo y a veces riendo en sordina, es el valor del silencio, solo comparable con el silencio de nuestro pueblo, y esos comunicadores sociales, frente a la música que le están haciendo escuchar.

¿Es esto arte? Claro que sí y de la mejor calidad. Desde el sur, una voz como la de Charly García cantó alguna vez que; "el silencio tiene acción", y de eso trata, en parte, 4'33. Esta obra peculiar permite a quienes participan de su "audición" abrirse a su entorno, el que de golpe se nos aparece, a pesar que siempre ha estado ahí, pero por tanto estarlo ya lo hemos dejado de ver.

Algunos llaman a este tipo de arte "estética de lo efímero", lo efímero es historia y la historia solo nos sirve para recordar, también nos enseña a mirar el futuro, a esto llamaron los poetas "El mañana efímero", parecido a nuestro Bicentenario. Es como un artista, que empaqueta puentes, orillas de la playa, en Remanso Castillo. ¿Dónde está el arte ahí?.

Bueno, en la expectación que produce un recorte de la realidad que de pronto, por "obra" de alguien, es vista de otra forma, apareciendo lo que en rigor nunca se ha ido. Y la obra adquiere cada vez nueva vida según quien la viva.

Así se transforma el Bicentenario en Luque, con un importante relato, basado en cosas que fueron, para repasar el Bicentenario nos están ofreciendo, danzas, algo de historia, arte, música, canciones, literatura, entre otras muchas cosas para esperar el ¿qué vendrá?, esta, nuestra efímera mañana.

Nuevamente olvidamos construir un relato que acompañe la participación ciudadana como el relato central de los festejos, luego deriva en la protección social. Pero más allá de las reformas en esta área, que termina sobrepasada por las demandas ciudadanas y poblacionales que son una necesidad del luqueño.

Así, con un discurso y un relato que cautive a políticos y ciudadanos en torno al Luque del futuro, las demandas de diversos sectores sociales –por confusas que sean- seguirán siendo un foco de atención más atractivo para los medios de comunicación y la opinión pública que los anuncios de los festejos del Bicentenario.

Si bien la televisión transmite desde Asunción y nos da cuenta de los festejos que ahí se realizan, no han podido adaptar sus mensajes al sentir popular que más utilizamos los paraguayos para informarnos. Desde la duración de los discursos –que no generan los mismos incentivos para ver una transmisión igual de larga que la película de Harry Potter - hasta la poca originalidad en la dirección televisiva, a futuro los encargados de los actos celebratorios podrían interesarse en generar una propuesta atractiva para cautivar a las audiencias y así difundir sus relatos, y que sean nuestros diálogos, con nuestra música paraguaya y con una diversidad de artistas folklóricos nacionales, los que nos hagan vibrar.

Por esta razón, los anuncios y “ofertas” se convierten en los únicos estímulos para que los medios de comunicación construyan noticias. Y en esta lógica, los organizadores quedan expuestos a los distintos criterios que tengan los medios de presentar los anuncios oficiales.

Por eso el pasado festejo del Bicentenario en Asunción –aparte de ser recordado por tener el discurso más corto pronunciado e improvisado por el señor vicepresidente en sus 3 años en el gobierno- no dejó en los paraguayos un relato para reflexionar. Y en tiempos donde los medios han tenido más habilidad que el gobierno para imponer sus temas, es difícil que exista otra ocasión como ésta para que las autoridades inviten a los paraguayos a creer en su gobierno a través de un relato que genere optimismo y confianza en el país que nos dicen están construyendo.

Y esto del trabajo con el silencio tiene una importancia no solo estética sino política para la emancipación. Pues la memoria punzante muestra la vigencia del reclamo de que nuestra sociedad, si quiere vivir su presente en presente y futuro, y no desde un pasado que no puede dejar de pasar, debe poner el marco para que los olvidadizos (artistas, poetas y otras artes de Luque) se integren en una democracia, de modo que sus ausencias brillen en la forma de presencias emancipadas de quienes aún, desde su fuga, insisten en negar su mundo que, no olvidemos jamás, es el nuestro propio.

Y con el trabajo del silencio activo, con la eterna y renovada guarania, no solo los desposeídos logren su Bicentenario.

febrero 2011.-
 



 

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