Segunda Quincena de Febrero/2007

"Yo no conozco a ningún obispo en Paraguay", advirtió el presidente de Venezuela Hugo Chávez, al comentar un encuentro que sostuvo con periodistas paraguayos, donde estos le habrían formulado consultas sobre sus eventuales vínculos con el prelado católico. Fue durante la cumbre Presidencial del MERCOSUR a mediados del mes de enero recién pasado. Al hablar de neo-populismo, no podemos dejar de mencionar al mandatario venezolano que dice no conocer a Fernando Lugo.

El neo-populismo se caracteriza por el giro a la izquierda.

Neo-populismo un fenómeno a nivel continental.


n los últimos meses se ha producido una modificación sustantiva del escenario electoral paraguayo. A la aglutinación de la Concertación en torno a una sola candidatura sin necesidad de recurrir a primarias abiertas, se suma la irrupción de otro candidato Colorado como segundo candidato al interior del partido.

Pese a estas novedades, los últimos sondeos de opinión siguen indicado la gran ventaja electoral de Fernando Lugo, siempre dentro de la Concertación. Ante esta situación, cabe preguntarse si el candidato de la Concertación logrará el triunfo en las próximas elecciones presidenciales.
 

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Esta serie de artículos editoriales analizaremos el tema del populismo al más alto nivel, este tema a partir de tres ángulos: 1) relación con las elites, 2) distanciamiento frente al neo-populismo y, por último, 3) postura frente a la historia reciente del Paraguay.

Los calificativos de populismo o de retorno a los años sesenta que algunos tecnócratas o políticos tradicionales utilizan para referirse a esta nueva realidad regional puede conducir a conclusiones muy equivocadas.

Pretender que al exponer ante los eventuales contendores a la Presidencia de la República, su visión, su posición y sus argumentos en lo que concierne a temas como la pobreza, el desempleo, la migración de paraguayos al exterior nos llevaría al colmo del populismo barato, de la voluntad premeditada y enfermiza de manipulación y de la incoherencia total, absoluta y absurda, puesto que el problema de fondo es analizar ¿que fue lo que nos llevo a estar en esta situación? de ese análisis saldrá la solución.

La tesis de fondo que interesa plantear es que el éxito de los candidatos en competencia depende del desarrollo de una estrategia político-comunicacional y que el gobierno -a través del partido de gobierno- que sea capaz de destacar que el liderazgo que se ofrece está íntimamente relacionado con las nuevas demandas de la sociedad Paraguaya.

Dicho de forma simple, la Presidencia de la República la obtendrá quien logre encarnar lo que una gran mayoría de Paraguayos y Paraguayas desean en el día de hoy: relaciones de mando marcadas por una mayor horizontalidad, reconocimiento al esfuerzo individual y potenciación del poder colectivo, así como también un (re) encuentro con la memoria reciente del país.

Por ejemplo, aún falta consolidar una organización política real del pueblo, aunque hoy existen inmejorables condiciones para conducir al "populismo" de la distribución de beneficios sociales del Estado --alimentación, salud, educación-- a una etapa superior de conciencia y militancia política seriamente organizada con la diversidad de sectores que apoyan el proceso bolivariano de Chávez que se quiere implementar en Paraguay.

Por lo menos para derrotar a la abstención que se hace presente en todas las elecciones incluyendo las no presidenciales.

Relación con las elites

En nuestro país existe una sensación de malestar hacia las elites que están establecidas en el poder. La gran mayoría de la ciudadanía percibe que quienes están en la cúspide de la sociedad suelen relacionarse de forma arrogante y vertical hacia el común de la población. Este malestar resulta particularmente cierto hacia la clase política, lo cual se refleja paradigmáticamente en los escasos índices de confianza que detentan instituciones como el parlamento y los partidos.

Sin embargo, las actividades de la política no incorporan totalmente a las políticas públicas todavía. En la discusión política habitualmente predomina la retórica en torno a unos pocos temas de alta visibilidad, no siempre de gran interés público.

Los partidos políticos, de gobierno y de oposición, rara vez examinan con profundidad las actividades de los gobiernos; los institutos de estudio lo hacen con mayor frecuencia, pero su relación con los partidos, el gobierno y el Congreso es poco fluida.

Las organizaciones de la comunidad tienen poco acceso a la información, lo que sesga la participación. Los medios de comunicación, con excepciones notables, editorializan más que comentan.

La política sin propuestas de políticas públicas corre el riesgo de concentrarse en la distribución del poder entre los agentes políticos y sociales.
 

Próxima Entrega.

Una elite contra-elite

Ahora bien, es importante destacar que la población paraguaya no tiene en principio problema con la existencia de elites que deseen dirigir al país, sino que su malestar radica en las formas de conducción social que actualmente se ejercen. Más que dirigentes, lo que Paraguay necesita es que cada uno de nosotros se haga cargo de sacar adelante su propio proyecto de vida.

En consecuencia, el punto clave es que Monseñor Lugo es un miembro de la elite, pero no de cualquier elite. En Paraguay, al igual como en todos los países del mundo, existen elites en plural, las cuales se diferencian -entre otros rasgos- según sus posturas valóricas, sus opiniones frente al mercado, sus orientaciones frente a la globalización y sus concepciones de la democracia.

Es evidente que Fernando Lugo no es el reflejo de la elite tradicional u oligárquica paraguaya. Ella es más bien el arquetipo de una contra-elite que comienza en los setenta y que en los años ochenta asume una postura crítica frente al régimen militar. De hecho, el actual candidato trabajó durante la dictadura a favor del necesitado y el perseguido en favor de los derechos humanos, los cuales se transformaron en la bandera de lucha para toda una generación política tanto del primer como del tercer mundo.

En otras palabras, la universalización de los derechos humanos ha permitido la conformación de nuevas elites cosmopolitas que pueden exigir un singular capital político y simbólico: la (re)valorización de las reglas democráticas como elemento básico de la convivencia y conducción social.

Una solución a medias es la simple agregación de especialistas sobre algunos temas, o de soportes comunicacionales - incluyendo el uso de puntales y de encuestas- a las actividades tradicionales de la política.

Estos, si no son incorporados en un amplio proceso de discusión, diseño, gestión y evaluación de las políticas públicas, pueden sesgar la política: los especialistas hacia la tecnocracia y los comunicadores hacia el populismo inmediatita.

No obstante, sujetos individuales como el ex monseñor Fernando Lugo logran mantener altas cuotas de adhesión ciudadana, pese a que notoriamente son miembros de la elite paraguaya. De tal manera, puede pensarse que ciertas formas de liderazgos logran superar la mala percepción que existe sobre la clase política y, por lo mismo, logran capitalizar la aprobación ciudadana.

Partiendo, entonces, del supuesto que la sociedad Paraguaya tiene un malestar frente a las elites y que liderazgos individuales logran superar esta dificultad, ¿es conveniente generar un discurso crítico hacia las elites?
 

Esta pregunta no tiene mucho sentido para los candidatos de la concertación, ellos son perfectos representantes de la elite del país, pero tampoco es muy pertinente para Fernando Lugo, pues como candidato de la Concertación -de integrarse a ella- también formaría parte de la elite paraguaya, lo cual no sólo se manifiesta en que el es miembro de un grupo de hombres y mujeres -la Iglesia Católica- que integra la coalición política que ha gobernado el país en los últimos quince años, sino que también en que el perteneció a una elite que desde su fundación a hecho política como lo es la Iglesia Católica.

A su vez, dentro de la coalición política de Fernando Lugo está el movimiento Tekojoja, un partido donde resaltan ciertos rasgos de una elite aristocratizante donde sus dirigentes consideran al voto popular "una hemorragia de recursos", es la política del "pactos entre cuatro paredes". Tekojoja propone un programa delirante. Este es uno del grupo de movimientos políticos de izquierda compuestos de "apellidos importantes y burgueses", es el nacimiento de las nuevas dinastías familiares.

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