PS Quincena de Mes/200X

El no poder elegir a sus autoridades el emigrante paraguayo, en nada se parece a la de los extranjeros (emigrantes) que viven en Paraguay. En este sentido, llama la atención la preocupante distancia que se ha generado entre un emigrante y otro. En Paraguay más llama la atención porque los que deben de resguardar estos derechos no lo hacen. Un precepto constitucional que si bien es cierto, hoy esta afectando sólo a nuestro país, el motivo de vivir en el extranjero al paraguayo le priva del derecho de elegir a sus autoridades, no deja de ser motivo de atención y llama a tomar medidas.

El derecho a que el paraguayo vote aun en el extranjero.

Las democracias en América latina y el emigrante (II).


ero, si bien en los hechos podía llegarse a cierta equivalencia jurídica comparable a la actual, los fundamentos teóricos de esa posición eran distintos entonces que ahora. No es raro que así sea. La concesión de derechos a título de dádiva o de gracia o por el arbitrio del pacto no supone la existencia de derechos ajenos que les da nacimiento. El reconocimiento de aquéllos, en cambio es el resultado de un proceso histórico lleno de vicisitudes en que se conjugan una conformación espiritual distinta y una concepción jurídica superior.

Las ciudades sujetas llamadas Latinas (dentro del Imperio Romano) eran las otras ciudades de la Liga Latina que no habían recibido el derecho de ciudadanía, y las colonias de derecho latino (es decir las colonias que no tenían derecho de ciudadanía). Los latinos y los romanos eran iguales en sus relaciones privadas, en los negocios, el comercio y las sucesiones.

Cuando se separó el derecho público del privado el ciudadano fue desalojado por el hombre en cuanto titular de derechos. El subjetivismo jurídico le reconoció derechos en cuanto hombre, al hombre "per se" para emplear la locución escolástica, independientemente de su calidad de nacional o extranjero.

Nacen así los derechos de la personalidad o inherentes a la persona (suprimo el inútil aditamento de humana).

A partir de ese momento el hombre, por el solo hecho de serlo, lleva consigo en todo momento y en cualquier parte una especial "vis" jurídica que lo hace acreedor a un estatuto legal determinado.

Su propia condición humana es ajena a los accidentes geográficos o a las alternativas de límites y fronteras y es ella, entonces, la que le da títulos directos a la tutela jurídica del Estado.

La protección debida a la personalidad postula la igualdad de los hombres, no siendo el cristianismo ajeno a esta tesis, cierta en el orden sobrenatural. Por eso, el fundamento último de los derechos correspondientes a la persona trasciende con facilidad el plano de lo estrictamente jurídico.

El derecho positivo, por el contrario, en cuanto resultante social es una ciencia de contenido y posibilidades concretos. Sirve ello para prevenir lo que pueda tener de absoluto la conclusión del párrafo precedente.

Es que, parejamente a la evolución de las concepciones jurídicas en el sentido particularista de reconocer personería a los derechos emanados de la persona, se ha ido desarrollando el derecho público del Estado. Este ya no es la suma de los individuos que lo integran, se distingue de ellos, ha adquirido vida independiente y puede oponérseles.

Damos en el escabroso tema de las relaciones entre el individuo y el Estado y el de los derechos del uno y del otro, que se resuelve en definitiva por una situación de subordinación o dependencia ante la cual se sacrifica el individuo a la colectividad. Así lo exigen la jerarquía, la consideración de los fines y el adecuado ordenamiento jurídico que las traduce.

En la antigüedad algunas ciudades recibieron el derecho completo de ciudadanía romana (civitas optimo jure), especialmente las antiguas ciudades aliadas de la Liga Latina, las ciudades Sabinas y gran parte de las del País Volsco. Junto a ellas estaban las colonias que disfrutaban del derecho de ciudadanía.

Es que, una vez más, se impone el proceso histórico. La teoría jurídica, con relación al status del extranjero, ha querido fundarlo en una alta idea de justicia.

Pero en los hechos y en cuanto a su origen ya hemos visto que fueron consideraciones de otra naturaleza, preferentemente materiales y específicamente comerciales, las que dictaron normas para el trato benévolo del que llegaba sin ley y sin derecho. Y eso, a despecho de credos políticos o sociales es lo que continúa prevaleciendo.

La mejor razón es la del momento, la que obedece a la necesidad contingente, y ella, como se verá al analizar los textos actuales, siempre se ha resistido a la seducción de especulaciones fácilmente generosas con el correctivo de su vigilante oportunismo.

Ernest Renan (1823-1892), filólogo e historiador de la religión francesa, nacido en Trégueer (Côtes-du-Nord), bretón como Chateaubriand y Lammenais Renán, decía que "la nación resulta de la unión estrecha de un grupo de hombres con una tierra". El suelo y los habitantes son, entonces, los elementos constitutivos y básicos de la sociedad política por excelencia.


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