PS Quincena de Mes/200X

Constituyen una relativa excepción lo poco se ha escrito acerca de la migración de paraguayos en Latinoamérica, como también en el mundo entero, con la salvedad de que en Latinoamérica contiene las disposiciones de buena voluntad de los países del MERCOSUR, con relación al transito de personas dentro del bloque, el segundo no es otra cosa que una útil compilación de decretos del mismo país y de que el tercero participa en realidad de idéntico carácter, pero limitado al aspecto migratorio paraguayo.

El derecho a que el paraguayo vote aun en el extranjero.

Las democracias en América latina y el emigrante (I).


CARTA DE UN EMIGRANTE

l extranjero, por definición, es el hombre que viene de afuera; el que, por pertenecer a un grupo social ajeno, no pertenece a la comunidad que lo recibe. Y si sólo se concibe al derecho en función de una colectividad, el problema previo al tema que es muy propio de este siglo y que ocupa en el mundo entero el interés de los residentes consientes en saber cuales son los títulos a una determinada protección jurídica que puede invocar el extraño.

Dicho de otra manera: en virtud de que causa puede aspirar el extranjero a ser tratado como huésped y no como enemigo. Estas últimas palabras no han sido escogidas al azar.

En la Roma primitiva "hostis" servía indistintamente para designar al huésped, al extranjero y al enemigo. Parecería que cierta cautelosa prudencia se hubiera filtrado en el idioma, empobreciéndolo, para conservar al término la debida ambigüedad oportunista.

Hospes era el extranjero deseoso de hospitalidad, pero hospes, cuya raíz era la misma, participaba del encono y de la beligerancia. Por eso decían las Doce Tablas: "adversus hostem atenía auctoritas".

Es que, en el mundo entero, el extranjero al abandonar su propia atmósfera jurídica llega huérfano de derecho al nuevo grupo social. Carece de familia, que, al decir de la clásica y lúcida expresión ciceroniana, es la comunidad de los dioses, y por consiguiente de culto; Hombre sin raíz no está ligado a la tierra por los vínculos tenaces de la sangre y del espíritu.

Libré de antepasados, su persona no es símbolo de continuidad ni representa para el Estado a cuyas puertas toca otra función que la del advenedizo.

De ahí que el Estado, en el orden jurídico, sólo puede considerarlo como un incapaz. Incapacidad plena, comprensiva tanto de los derechos civiles como políticos en un medio en que se confunden el derecho público y el privado, puesto que únicamente el ciudadano goza del estatuto legal de la comunidad.

Este último, en cuanto participa de la vida activa del Estado, es el creador del derecho, dueño y beneficiario del mismo. Sus títulos a que se le dispense la debida protección jurídica son iguales a los de las partes en el contrato. Tiene derecho a, que se le reconozcan derechos.

Lo contrario ocurre con el extranjero. Si adviene a la vida jurídica del cuerpo social es sólo por un acto de generosidad y desprendimiento. El Estado puede considerar necesario que ese hombre no carezca totalmente de una órbita donde su actividad pueda ajustarse a moldes jurídicos y entonces le atribuye determinados derechos.

Así ocurrió en Roma donde los principios de la hospitalidad con fines comerciales llevaron a conceder derechos a los extranjeros por la vía oblicua del "hospitium" y la institución de la clientela, Se había dado el primer paso en favor del no-ciudadano que se incorpora al Estado. El "hostis" se iba a transformar en "peregrinus".

"Ciudades de derecho romano". Algunas ciudades recibieron el derecho completo de ciudadanía romana (civitas optimo jure), especialmente las antiguas ciudades aliadas de la Liga Latina, las ciudades Sabinas y gran parte de las del País Volsco. Junto a ellas estaban las colonias que disfrutaban del derecho de ciudadanía.

El 31 de diciembre de 1940, Getúlio Vargas (1883-1954), cuyos cambios revolucionarios convirtieron a Brasil en uno de los principales países latinoamericanos, decía "Queremos hombres validos y laboriosos, y repudiamos los elementos moral y físicamente indeseables, los de actividad parasitaria, los sin oficio, los desarraigados e incapaces de fijarse, de construir familia brasileña, de amar la tierra adoptiva y sacrificarse por ella" Cualquier comentario a esto esta de más.

Así como en la antigua Roma, en la moderna Brasil, el discurso arriba citado no sirvió de mucho, cuando llego la crisis de desocupación de los años que siguen a 1929, por decretos números 19482 y 20.917 de diciembre 12 de 1930 y 7 de enero de 1932 respectivamente, prohibió totalmente la inmigración.

(continuara)


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