PS Quincena de Mes/200X

Dieciséis años de gobiernos democráticos nos han enseñado que en nuestro pueblo se esta instalado en el país el emigrar al exterior como una oportunidad y no como un problema. En el Paraguay de hoy no existe la crueldad del destierro.

Jesareko al futuro, desde nuestros emigrantes (II).

Los emigrantes y la utopía de aquellos años.


CARTA DE UN EMIGRANTE

araguay se divide políticamente en 17 departamentos, además del Distrito Capital, Asunción; 14 de ellos están situados en la Región Oriental: Alto Paraná, Amambay, Caaguazú, Caazapá, Canindeyú, Central, Concepción, Cordillera, Guairá, Itapúa, Misiones, Ñeembucú, Paraguarí y San Pedro; los tres restantes están situados en el Gran Chaco o Región Occidental: Alto Paraguay, Boquerón y Villa Hayes, el departamento que no se menciona es el 18º compuesto por los paraguayos que han salido del país.

Esta es una época en que muchos tenemos ocasión de ir más allá de nuestras fronteras, por distintas razones, los nombres de nuestros valles los llevábamos en un viaje de exploración por los territorios donde se fraguaban los sueños de un país a medio hacer.

A los emigrantes paraguayos, en exterior nos tocará hacer el nuevo lugar que no será el último, como para que nadie se olvide de que el reconocimiento que se nos da es simbólico y sin mayores consecuencias prácticas.

La emigración creciente de paraguayos, en especial hacia España, supone que en unos años más las remesas que se envíen desde el exterior podrían convertirse en la principal fuente de ingresos de la economía paraguaya.

Los paraguayos que tuvimos que emigrar para encontrar trabajo enviamos al Paraguay más de 150 millones de dólares durante el año 2005, de acuerdo con estimaciones oficiales del Banco Central del Paraguay (BCP).

Con esta cifra, las remesas se ubicaron en el cuarto lugar en el ranking de los rubros que ingresan mayores divisas a la economía del Paraguay. No es mucho lo que pedimos, que se nos ayude con un censo, para saber cuantos somos.

Estamos, los emigrantes fundando el 18º Departamento (Paraguay tiene 17) en un Paraguay donde no existen ciudadanos de primera categoría o segunda categoría, los emigrantes fundan el Paraguay en el exterior viven en un territorio rotulado en los mapas como Paraguay y cuya ciudadanía por lo tanto, jamás se pone en entredicho.

A pesar de que estamos ya bien adentrados en el siglo XXI, el departamento decimoctavo del mapa, que los emigrantes haremos en el extranjero será mediante el censo y mantendrá su función como instrumento positivista para fijar los límites de nuestro andar por el mundo, y así permanecer siempre en nuestro territorio junto a nuestros compatriotas.

Por supuesto, los que vivimos "del lado de acá" estamos como se dice en guaraní, "petei hesa oi tetambuepe ha pe otro Paraguay pe... y da la impresión de que funcionamos en la imaginación de algunos de nuestros compatriotas como una especie de sonámbulos.

De vez en cuando estos sonámbulos aparecen en el aeropuerto Silvio Petirossi de Luque, respiran un poquito el aire de los verdes campos luqueños que son del Paraguay, y después de un tiempo, recuperado ya el color gracias a una infusión de rayos ultravioleta, sopa paraguaya, mandioca caliente cocinada con leña, la chipera con su canasto, regresan a su territorio de las sombras.

Curiosamente, los que vivimos en el hemisferio norte de América, generalmente llegamos a Paraguay al amanecer y nos marchamos de nuevo en vuelos nocturnos. "I can see the red tail lights heading for Spain" nos canta Elton John, must be the clouds in my eyes, deben ser mis ojos que se nublan.

Tal vez por la prevalecía de la idea de que vivir fuera de Paraguay es un estado de suspensión, es difícil para los que estamos afuera opinar o participar sin correr el riesgo de que en algún momento se nos descalifique por estar "desconectados" de la realidad paraguaya.

Hasta la devoción o la obsesión con que nos dedicamos a pensar los asuntos de Paraguay se nos echa en cara, presumiendo que estamos "pegados" en un limbo obsoleto y quejumbroso.

El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación.

Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar el significado y razón a sus vidas. Así, en El extranjero (1942), el protagonista no hace entender que las cosas para un extranjero se hacen en forma diferente, es la valentía del absurdo, pareciera que estar en el extranjero equivale a estar en el pasado, o por lo menos en un presente tardío o diferido. "Aretereíma ndeko reho hague", nos dicen, "Ñande retã nda ha`eveima ymãguareicha", como si eso fuera una novedad.

No es culpa exclusiva de los compatriotas campesinos que viven dentro del país que se nos vea así. Desde hace mucho tiempo opera entre muchos de nosotros los de afuera -no todos, claro- un discurso hipernostálgico que se nutre de la añoranza, subraya la ausencia y que en sus versiones más deprimidas que se identifican con el despojo.

Hasta la terminología que usamos está imbuida de (melo)drama: la diáspora, calamidad funesta de la dispersión, es el término de moda. Cunde la costumbre de enfatizar que vivimos nuestra paraguayidad como una carencia.

Las fiestas de fin de año en el extranjero, por ejemplo, tienen una atmósfera de alegre desesperación, por mucho que uno lo pase bien en ellas, porque la reproducción de los múltiples objetos de la nostalgia nunca nos satisfacen, "pe ambivu`i iporaramo ñaikumby ja hechaga'u aja; mbija`pe hete ramo, jaikumby nte avei ja hasa asy aja.

La sencilla sopa paraguaya pasa a ser un objeto de deseo, más allá del bien y del mal. Su consumo se convierte en una eucaristía fervorosa en busca del mágico tereré que al tomarlo nos lleva de vuelta de donde vinimos.

(continuara)


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