Herramientas

Aumentar tamaño del texto

Disminuir tamaño del texto

Segunda Quincena de Enero/2007

Entre los antiguos "patrones" de la ciudad y los campesinos proveedores de verduras y frutas ha incubado una masa extraña, amorfa, de gente que prende a todo volumen su purahei jae, su cachaca o reguetón; se alarga el pelo, se pinta la uña de negro, usa colita y muchas personas más le "dan" a la marihuana, al jugo loco "sin nada que perder, sin nada que ganar".

La soja mete poca plata y es plata que ya no se entiende muy bien en que se reinvierte.

¿Colapsa el modelo clientelar?.

Por Julio Benegas Vidallet (*)


Un reciente estudio realizado por Alejandro Vial, del CIRO, con fondos de USAID, arriesga la hipótesis de que el modelo clientelar en el sistema político podría estar colapsando.

En este país, mucha gente mete a sus hijos a la escuela de fútbol o al modelaje, pensando en algún venturoso porvenir económico. Ahora, muchos ponen la esperanza en la hermana, la madre o el hijo que barre, cocina, cuida viejos o limpia vajillas en España.

No existe para los pobres un oficio que abrigue la esperanza de un futuro económico sostenible, con el que pueda tener casa, pagar la luz, el teléfono (qué serio este asunto del celular), mantener la educación de sus hijos. Más de la mitad de la gente vive en ciudades, arrinconada en casas, departamentos e infraestructuras públicas precarios.

En 30 años, el paisaje social paraguayo ha cambiado drásticamente, así como el follaje y el curso de los arroyos. Y hace un buen tiempo que ya no se escuchan frases como "qué me importa si la política no me da de comer" tan común en los 70 y 80.

La soja mete poca plata y es plata que ya no se entiende muy bien en que se reinvierte, si se reinvierte.

La carne -aparte de hacer de ella nuestro rito sagrado- redunda plata a un sector escaso de la población, en trabajos también muy precarios. El contrabando también genera una economía muy marginal, para los trabajadores, claro. Luego queda el dinero de la burocracia estatal, nacional o local, con puesto, una promesa de cargo o changa en la función pública.

El paisaje social se ha modificado grandemente. El antiguo orden que construyó el estado paraguayo que conocemos ahora (el stronista) responde inercialmente ampliando la clientela.

La explosión demográfica, sin embargo, en las ciudades parece más difícil de administrar por el lado del medicamento para el hijo enfermo, la promesa de changuita o la recomendación que se conseguía antes para el contrabando hormiga del padrino de turno.

Hoy, una muchas familias viven del dinero de los trabajadores paraguayos en España. Aparte de provocar desarraigo, nostalgias, fisuras familiares, este cuadro debe estar creando un tipo de voluntad económica sedentaria.

Su relación de dependencia no es del Estado ni del patroncito, sino de un familiar que se rompe el lomo por las tierras de Serrat. No es el primer éxodo paraguayo, nada que ver. Unas décadas antes, la mayoría de nuestra gente iba a parar en Buenos Aires (regresaba luego con "che" en la boca) directamente del campo.

Su gente del campo tenía gallinas, cerdos, chacras. Cualquier dinerito que podría traer o enviar era muchísima plata que se usaba para pintar la casa o cambiar el rancho de paja por una casa "de material", diferenciando su hogar de los demás pobres. "Ha oñemo pura ikuai". Esencialmente, la vida de rutina, esto de comer, vestirse, pagar la luz, el alquiler, no dependía del familiar extraviado por la calle Corrientes.

Entre los antiguos "patrones" de la ciudad y los campesinos proveedores de verduras y frutas ha incubado una masa extraña, amorfa, de gente que prende a todo volumen su purahei jae, su cachaca o reguetón; se alarga el pelo, se pinta la uña de negro, usa colita y muchas personas más le "dan" a la marihuana, al jugo loco "sin nada que perder, sin nada que ganar".

Algunas veces explotan de bronca contra el régimen, se apedrean con policías; algunas veces revientan contra el "badulaque ese que se comió mi novia". O malidice a "ese maricón que no me presta atención". Muchos rumian frustración con rabia, poderoso cóctel, a la espera de una alguna reivindicación, aunque sea fatal.

El modelo poderoso modelo clientelar no se ha quedado atrás, ampliando extraordinariamente sus cuadros con el advenimiento de la "democracia". Le están muy agradecidos muchos diputados, concejales, senadores, empresarios de la soja, acopladores de algodón, usureros, comerciantes de cigarrillos, drogas y armas.

Es probable que para la próxima elección presidencial el sistema de clientes ya no tenga toda la plata para cosechar los votos necesarios o que ya exista un sector mucho más grande que tampoco esté demasiado urgido como para traficar con él.

Es probable también que en más de 100 años de historia paraguaya se rompa o se abra una brecha en el cuadro amigo-enemigo; colorado- liberal, cuadro al que nos redujeron tras exterminarse el modelo de desarrollo de Francia y los López. Es muy probable. E imprescindible.

Envíe sus comentarios o sugerencias a esta dirección de correo electrónico

(*) Julio Benegas Vidallet, es Secretario General  del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP)


Google
 
Web www.infoluque.com.py