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Segunda Quincena de Septiembre/2006

La antigua batalla de Cannas fue una terrible experiencia para la república romana. Corría el año 216 antes de nuestra era. Aníbal, el cartaginés invasor, se enfrenta en desigual condición a los cónsules romanos Pablo Emilio y C. Terencio Varrón. Son 86.000 orgullosos romanos contra 50.000 cansados cartagineses. Sin embargo, Aníbal realiza su obra táctica maestra, el modelo clásico del envolvimiento por las alas. Aplasta así al ejército romano. Setenta mil romanos, entre ellos el Cónsul Pablo Emilio y ochenta senadores, quedaron en el campo de batalla. Las bajas de Aníbal no superaron los seis mil. Los romanos temblarán cada vez que escuchen esa palabra: Cannas.


Una sociedad que no hace justicia con sus héroes no es una sociedad sabia ni decente.

Las canas y los ex combatientes de la guerra del Chaco.


Local de la Unión Paraguaya de Veteranos de la Guerra del Chaco de Luque.

a moderna batalla que se libra en Luque, es por parte de nuestros "canosos veteranos" y herederos de la guerra del Chaco en contra de los que manejan la UPV Chaco (Unión Paraguaya de Veteranos de la Guerra del Chaco). Esta batalla es para evitar que la propiedad en donde esta asentada la sede de estos veteranos en Luque no sea rematada.

Hoy ya es menos mortal que la ya descrita, antigua y famosa batalla. Ese mismo temor experimentamos hoy cuando vemos que sin miramientos se pretende destruir una propiedad que podría servir de monumento a la memoria histórica de una nación, mas que a una ciudad, entonces; ¿Que dejaríamos de ejemplo, al patriotismo que tuvieron nuestros heroicos mayores?.

En esa casa se guardan reliquias de la guerra, fotos, antiguos fusiles y otros elementos usados en el Chaco. Las generaciones futuras verán crecer las primeras canas en sus cabelleras sin advertir que sus mayores pasaron días de zozobra, consecuencia de una guerra por la defensa de nuestro Chaco Paraguayo.

Ya lo decía Cervantes; "Advertid, hijo, que son las canas el fundamento y la base, todo hace asiento en la agudeza y discreción".

Pero no piensan de esta manera los modernos, si así fuese, verían, como verse a un espejo, que nuestra historia patria es un horrible oráculo que refleja, la guerra de exterminio en el pasado y anticipa el ocaso con la destrucción de nuestra memoria.

Las canas son el anuncio del inicio del otoño de la vida, como podría ser la vieja casa de los veteranos. ¿Es que empezamos a perder la fuerza vital, que es el amor a la patria?. Con las canas llegan los achaques y enfermedades. Hace poco escuché a un ex presidente ironizando al decir que había llegado a una edad en que si se despierta sin dolores es señal inequívoca que se ha muerto.

"La misma vejez es enfermedad" el desamor a la patria también, se quejaba un poeta latino. Los placeres de la vida se hacen más difíciles de gozar. Napoleón exclamaba que "Los ancianos que no conservan las aficiones propias de la juventud pierden en consideración lo que ganan en ridículo". Y un cínico francés de la corrupta corte de Luis XIV decía que "Los viejos gustan de dar buenos consejos para consolarse de no poder dar malos ejemplos".

Sin embargo, saber envejecer es obra maestra de la sabiduría más si se lucho en la guerra. No hay cosa más terrible que envejecer de mala gana. Cicerón se reía de los jóvenes que se burlaban de su vejez, pues él ya disfrutaba de algo que quizás sus noveles inquisidores no gozarían jamás: una larga vida bien vivida, cosa que no podemos decir de nuestros veteranos. Y finalmente decía que "¡todos nos queremos morir de viejos!" En el Chaco muchos murieron por la patria.

Envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo. Sabiduría romana que compartían los patriarcas del Antiguo Testamento. En esos tiempos inmemoriales Dios bendecía a los hombres santos con una larga vida. No había felicidad más grande que morir cargado de años, experiencia, sabiduría y rodeado de hijos y de nietos.

Es la vida de Abraham, Job o del legendario Matusalén. Era señal inequívoca de haber sido besado por Dios el tener la cabellera y la barba poblada de canas. Sin embargo nosotros los destruimos, arrebatándoles su pasado histórico.

Para envejecer no sólo se requiere de sabiduría sino que también ser fuente de ella. Canas es lo que necesita el verdadero profesor para ser maestro del arte del buen vivir y del buen morir. Es cierto que quien acumula años amontona muchos pecados y dolores. Pero esa misma experiencia es maestra de prudencia y buen consejo.

Una larga vida llena de actos realizados y hechos sufridos enseña más que diez mil libros leídos. Frankie Dunn (Clint Eastwood) es el canoso entrenador de boxeo en la reciente película "Million dolar baby". Junto con Scrap (Morgan Friedman), "saben más por viejos que por diablos". Él exige a su joven discípula Maggie Fitzgerald (Hillary Swank) que calle y obedezca su filosofía: "por sobre todas las cosas siempre debes protegerte".

El viejo entrenador reclama que el coraje y la fuerza no bastan. Y ella no le hace caso y se desata la tragedia. Dolorosa vivencia del viejo profesor: no basta con conocer el bien para alcanzarlo personalmente ni menos para que lo practique el joven alumno a quien se lo enseñó.

Vamos. Es muy cierto aquello que un hombre no es viejo, si así no se considera. Nadie es anciana si no quiere. Basta con seguir viviendo amorosamente en el presente atesorando el pasado, como nuestros veteranos de la Guerra del Chaco.

Ellos se proyectan entusiastamente hacia el futuro, se oponen a que se rematen sus bienes. Porque no se es viejo si aún tenemos a quien amar y quien necesite de nuestro amor, y esta nuestra patria necesita que alguien la quiera.

Por eso un poeta ruega a Dios que antes que se sienta viejo, venga la muerte a sorprenderlo joven. Y lo es quien se proyecta hacia el porvenir.

Es joven el anciano campesino que siembra en tierra chaqueña para mayor gloria de la vida que lo bendijo al defender esa tierra, de la tierra que lo acogió y de sus nietos y bisnietos que están por venir.

Concluyamos estas lecciones de sabiduría antigua y a través de ella miremos nuestra realidad. Nada más tonto que el miedo a las canas. Nada más necio que despreciar a los viejos. Nada más escandaloso e injusto que dejar morir a nuestros ancianos junto a su miseria y nuestra historia.

Una sociedad que no hace justicia con sus héroes no es una sociedad sabia ni decente.

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Fuente: Del libro; Ciudad de Luque... la aldea global ha llegado. (Tomo I)


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