Primera-Segunda Quincena de MES/2005

La Cooperativa "El Banco de los pobres" le prestó dinero y le cambió la vida.

Un empujoncito para salir a flote.


Lucia Ramos es una dueña de casa como podría serlo cualquier "doña" de nuestro pueblo. Teniendo ingresos por G. 300.000 al mes
 (US$ 50) Pidió un préstamo de G.1.800.000, en una cooperativa y compró una casilla (antes la alquilaba) y hoy supera los
G. 2.000.000 mensuales.

Fabrican y venden mermeladas y conservas; realizan costuras y confección de ropa; elaboran el Ka'i ladrillo; (turrón de maní) venden productos de bazar, construyen hornos de barro; cultivan flores; transforman pequeños kioscos en incipientes almacenes; instalan amasanderías y peluquerías; compran carbón a granel y lo envasan en pequeñas unidades de un kilo; adquieren carritos para la venta de chipas, panchos y golosinas...

Estas son algunas de las actividades que realizan, a lo largo del país, miles de mujeres que viven en localidades rurales y pequeños pueblos.

Sencillas, trabajadoras, honestas y, sobre todo, encantadoras.

En el Paraguay la mayoría de las mujeres de escasos recursos son jefas de hogar, y el principal sustento para sus familias. Son ellas las que luchan cada día por salir adelante, superando mil y una dificultades.

Pero también son precisamente estas mujeres las que, entre otros integrantes de la sociedad paraguaya, hoy están imposibilitadas de acceder a préstamos y créditos que ofrecen las instituciones comerciales. Son discriminadas por el sector bancario, porque apenas pisan una sucursal se les exigen los temidos papeles: informe de Inforcom, antigüedad laboral, liquidación de renta, aval, certificado de dominio de algún bien y ellas sólo tienen las ganas de salir adelante, pero ése es un activo muy poco valorado en el mercado formal.

"Yo golpeé muchas puertas, y todas se me cerraron. Ningún banco o financiera fue capaz de ayudarme", relata nuestra entrevistada. Esta mujer de 33 años trabaja - desde las ocho de la mañana y hasta las ocho de la noche- en el centro mismo de Luque. Comenzó vendiendo quiniela a los transeúntes que por ahí circulaban. Ganaba apenas cinco mil guaraníes diarios, con los cuales tenía que alimentar a sus tres hijos, y a su marido, dedicado a realizar "changas" esporádicas.

Hoy Lucia es dueña de una casilla donde ofrece hasta desayunos. Todo gracias a los G. 2.000.000 que obtuvo de una cooperativa el año pasado, este echo el año pasado, le permitió iniciar un negocio establecido.

En la casilla donde funciona se le entregó en comodato, masas, sillas, y una heladera para bebidas. Ella la proveyó de energía eléctrica y lo ancló al suelo, con cemento, para que no se la robaran.

Además, compró un horno eléctrico, un termo, pagó la patente municipal y esta pensando mandar a hacer boletas, porque una vecina le dijo; "con esto de la adecuación fiscal no se salvara nadie de pagar " .

"Hoy soy una comerciante como Dios manda", aclara, Lucia no se conforma con lo que tiene. Ya se tomó de la mano con el mundo micro-empresarial y artesanal, pretende concretar un sueño lo antes posible. Una vez que logre completar sus pagos mensuales, y totalizar su deuda con la cooperativa, tiene planeado inmediatamente solicitar otro crédito para poder financiar una ampliación del rubro, y así ofrecer a sus clientes "combos" de comida, a toda hora.

En pocas palabras, el sistema cooperativo está orientado al mundo microempresario y artesanal, donde el único sistema de garantía es el compromiso. Este es el banco de los pobres es la confianza en personas que tienen una idea micro-empresarial viable, pero que no cuentan con los recursos para llevarla a cabo, y que están imposibilitadas de obtenerlos en el "mercado formal".

 


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